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El indispensable celular

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En tiempos pasados, para iniciar una conversación telefónica había que acudir a un teléfono fijo, que lo teníamos en nuestros domicilios, o a los auriculares que estaban instalados en oficinas y hasta en lugares céntricos para el uso común, previo el depósito de una monedita. No recuerdo si era una “ayora” (como se denominaba criollamente al sucre), una peseta o un real, cuando aún no estábamos dolarizados. Incluso, antes de que se instalara el sistema automatizado, había que decirle a la señorita que nos contestaba (para este servicio no jugaba el machismo) el número del teléfono al que nos íbamos a dirigir. Y vaya que el mundo ha avanzado a pasos agigantados desde entonces en materia de comunicación, llegando a estos tiempos en que la Internet -que por ejemplo, ha eliminado a las enciclopedias que nos hacen acordar de Diderot, y posiblemente hasta los diccionarios, incluido el de la RAE- y el teléfono celular nos permiten llamar a quien nos dé la gana o necesitemos de su urgente contacto oral, desde el lugar en que nos encontremos, sin repetir con nuestra voz ni marcar el número, dándole seis vueltas al disco -que también casi ha desaparecido totalmente- cediéndole el paso a las teclas. El uso de los celulares, pues, se ha democratizado mucho más que las enmiendas que aprobó la Asamblea, sin acudir a consulta popular alguna. Y cualquier hijo de vecino, sea banquero, comerciante, futbolista o humilde portero, es propietario del aparatito que, además, ahora ya no sirve solamente para la comunicación sino también (los “smartphones”) para tomar fotos, oír música y algunas cosas más, hasta el punto que algún ocurrido amigo me dijo que solo “les falta chupar trago para ser completos”. Incluso, el aumento de la delincuencia, sobre todo la especializada en la modalidad del “arranche”, ha crecido notablemente, siendo el nuevo celular con tantos servicios, el objeto preferido y buscado entre los asaltados . Y no deja de intervenir la religión, que según Marx es el “opio de los pueblos”, ya que los sacerdotes durante las misas tienen que rogar a los feligreses que apaguen sus celulares porque sus timbradas interrumpen el oficio sagrado. ¿Cuál será la relación con el deporte?

cazonf@granasa.com.ec

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