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Diario Expreso Ecuador

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Igualitarismo inaceptable

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La Constitución establece que: “El Estado adoptará medidas de acción afirmativa que promuevan la igualdad real en favor de los titulares de derechos que se encuentren en situación de desigualdad.”

Aunque ese mandato no existiese en la Carta Magna, siempre se estimaría plausible toda medida orientada a favorecer la igualdad, salvo cuando esa búsqueda, en razón de la institucionalidad afectada, degenere en igualitarismo.

En efecto, admitiendo que todos los ciudadanos deben ser tratados como iguales, no todos pueden ser tratados igualmente, menos aún en organizaciones como las Fuerzas Armadas o la Policía, que requieren, en resguardo de sus esencias, el predominio de valores vinculados a la disciplina que, entre otros atributos, permiten el ejercicio del mando y por ello para poder efectivizarlo, en todo el mundo están expresamente jerarquizadas.

Por otra parte, y conviene tenerlo muy en cuenta, el igualitarismo iguala hacia abajo, en el mejor de los casos hacia la mitad, contribuye a una consideración impersonal del cumplimiento del deber y por esa razón degrada, desvirtúa.

En cuanto a la pretendida voluntad de democratizar el acceso a las instituciones antes referidas, cabe recordar a manera de ejemplo que esa democratización tiene plena vigencia; así lo prueba que un significativo 38 % de los nuevos oficiales son hijos de miembros de la tropa. El espíritu militar no distingue entre oficiales y soldados rasos pero el ejercicio de la vida militar y la posibilidad de entrar en combate, requieren mando y disciplina y ello, aunque pueden darse excepciones, está irremplazablemente vinculado a jerarquía.

Por lo expuesto, salvo que se tratase de un plan destinado a dividir a las fuerzas de seguridad para intentar constituir con los miembros de la tropa un contingente al servicio de la imposición de un determinado proyecto político que necesita, en acuerdo con su propia estrategia, perdurar en el tiempo con el propósito de volverlo irreversible, lo actuado no puede asumirse sin una gran inquietud, que es necesario compartir con los lectores, y también sin expresar un profundo desacuerdo.

Cuando son muchos los males que afligen a la República, agregarles el debilitamiento de instituciones fundamentales a nombre de un equívoco igualitarismo es sencillamente inaceptable.

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