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Los haikus postumos de Manuel Cordero

Así lo recuerdan su esposa e hija, quienes hicieron la recopilación de ‘De mi propia sombra’.

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“No llores porque/ya no estoy, alégrate/porque estuve”.

Manuel Cordero vivió la vida en forma de haiku; contemplativo, puro, directo y a la vez humilde.

Así lo recuerdan su esposa e hija, quienes hicieron la recopilación de ‘De mi propia sombra’. La obra recoge doscientos veinticuatro poemas breves elaborados por el médico y autor a lo largo de cinco años.

En este formato lírico, popularizado hace varios siglos en Japón, Cordero aborda el amor, la alegría, la soledad, la nostalgia y la muerte. Esta última, una presencia constante en su vida, hasta que, finalmente, perdió la batalla que luchaba contra el cáncer.

La obra, publicada por la editorial El Ángel, es una manera de mantener vivo el legado literario del cuencano, quien se dedicó a tiempo completo a la medicina, pero quien, en su tiempo libre, era un poeta apasionado y un ávido lector.

“Mi papá me abrió las puertas hacia lo que para mí fue el Edén. Recitaba los hermosos versos de mi abuelo, me enseñó a amar la dulce melodía de la lengua. Me invitó a perderme entre sílabas y letras, a transformar mi mirada en palabras... Ahora por siempre, no solo en memoria, sino en perenne tinta y papel, quedará ‘De tu propia sombra, hacia el universo”, comentó Carolina Cordero, hija del autor.

Fue ella, también, la responsable del prólogo del libro, en el que aborda un episodio en el que su padre le explicó la poesía.

Ahí, esta plasma las sabias palabras del artista tras que esta le preguntara por qué creía que los poetas no envejecían: “Trascienden las personas cuyo paso por la vida dejan huellas. Al escribir, crean belleza con las palabras, igual que los pintores o los fotógrafos lo hacen con las imágenes”.

El libro se presentó en el Centro Cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Quito.

Con respecto a la obra, son varios los críticos y autores los que han alabado el sencillo estilo de Cordero, entre ellos Diego Oquendo Troncoso, quien indicó que el poeta era un “digno heredero de Carrera Andrade... Lento y maduro, el fruto de Manuel quedará en los lectores de nuestra lengua como un discurso fortalecido en el silencio, siempre elastizándose en la poesía, venciendo a la muerte”. Este añadió que el cuencano era “un poeta oculto en medio de la parsimonia y el escándalo de las figuras líricas de Ecuador”.

Y es que, pese a su extensión de 134 páginas, un tamaño inusual para un poemario local, ‘De mi propia sombra’ se lee con rapidez, cautivando al lector con imágenes claras y directas que impactan.

“Hice lo mío/siempre en terreno ajeno,/me equivoqué”. “De ti y de mí/lo inalcanzable siempre/el amor pasa”. “Te fuiste de mí/inesperadamente/como llegaste”.

Los textos no cuentan con nombres propios, son titulados con números y la obra, además, se intercala con paisajes que evocan los presentados por los versos de Cordero.

El haiku es una técnica de la que la poesía nacional tiene pocas referencias. La compleja construcción en medio de su simplicidad es lo que impresiona. Y así también lo indicó la crítica Alba Luz Mora.

“Es así como se hacen los grandes libros y la cadena de poemas de intenso sentimiento... Novedoso estilo de expresarse, sobre todo, con ese efecto que es difícil conseguir: la resonancia en quienes los leen y se sienten sacudidos por su efecto singular y sonoro”.

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