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La habilidad artesanal en la musica ancestral

Los sonidos de la quena, guazá, pingullo, bocina y otros instrumentos musicales andinos, que combinan la suave melodía de los de viento con el golpe de los de percusión, motivaron a Adolfo Idrovo a convertirse en elaborador artesanal de instrumentos mu

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Los sonidos de la quena, guazá, pingullo, bocina y otros instrumentos musicales andinos, que combinan la suave melodía de los de viento con el golpe de los de percusión, motivaron a Adolfo Idrovo a convertirse en elaborador artesanal de instrumentos musicales.

Tiene 64 años, nació en Cuenca y desde los 12 años disfruta sacando sonidos al coco pequeño, el carrizo, la caña guadúa, cuernos de res y otros objetos de distinta utilización.

“No soy artesano, pero sí amante de mantener la cultura antigua, cuando la música se fundamentaba en los sonidos de viento y aire, nacidos en la época indígena y colonial”, expresó Adolfo en su taller junto a su pupilo Víctor Quinde, un joven de 29 años que quiere seguir los pasos de su maestro.

“No quiero llevarme a la tumba la habilidad de hacer estos instrumentos, gratuitamente guío a Víctor en esta linda tarea”, añadió Idrovo mientras juntos revisaban unos trozos de carrizos para hacer unas pallas.

La palla son ocho carrizos afinados en pentafonía menor, cinco notas graves y tres agudas; esta era empleada por habitantes kichwas hablantes de la provincia de Imbabura, instrumentos en vías de extinción, explicó Adolfo.

Idrovo confesó que personalmente ha ido descubriendo los materiales con los que al diseñar la variedad de instrumentos de viento y aire se obtenía mejores sonidos.

Mostró un silbato elaborado con la corteza de un coco pequeño o de la variedad conocida con el nombre de “coco chileno”.

Es un instrumento extinto, según el folclórologo e investigador Manuel Agustín Landívar, quien señala que se trata de un instrumento azuayo, empleado por grupos afroecuatorianos asentados antiguamente al sur del Azuay, cerca del cantón Santa Isabel.

Entre la variedad de instrumentos que Adolfo y Víctor hacen, están los sonajeros de carrizo, el doble pingullo, el pingullo, silbato pingullo, la bocina de churo, flauta traversa, la palla, rondadores, quena, silbatos de coco, rondador, la bocina, entre otros.

Víctor Quinde, quien desde hace un año y medio comparte el taller de Adolfo haciendo juntos los utensilios musicales, dijo que es un honor aprender de un gran maestro, “que, con su paciencia y amor, dedica su tiempo para guiarme en el proceso de hacer los instrumentos musicales, es mi pasión y aunque no se gana mucho dinero, hay el espíritu de hacer y mantener la cultura ancestral”, indicó Víctor Quinde.

Maestro y aprendiz, utilizando herramientas de joyería, bisturís, unas lijas, cinta métrica, limas pequeñas, dan forma a los carrizos y los otros materiales para arrancar sonidos musicales que acompañarán a una que otra letra de aquellas canciones autóctonas y ancestrales. Esta ocupación es el modo de ganarse la vida de Adolfo, su esposa y sus hijos. (F)

RECONOCIMIENTO

La Unesco lo certificó

Idrovo es uno de los cuatro fabricantes de este tipo de instrumentos en Cuenca; el segundo es Luis González, de 62 años de edad, con título de artesano y la certificación a la “Excelencia Artesanal” otorgada por la Unesco en marzo del 2011. Los otros dos elaboradores de instrumentos musicales andinos son jóvenes; Luis Saca, que al momento radica en Loja, y Carlos Rojas, que vive en Riobamba, según el libro de colegas con que cuenta Luis González.

Idrovo fue invitado por el Centro de Investigaciones de Artes y Artesanías Populares (Cidap) para dictar un taller de enseñanza para la elaboración de instrumentos musicales andinos.

El mismo que se realizó días anteriores.

EL DETALLE

Los precios oscilan entre 5 y 30 dólares. Se los exhibe en el local de venta en el interior del Centro Artesanal Municipal, junto a la plazoleta de San Francisco.

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