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Que hace a Guayaquil
Se hace y la hacemos en la historia, la creamos cada día. Es obra colectiva de un ser tropical, marítimo y portuario, urbano y rural, surgida de la acción permanente de emprendedores. Se construye por un proceso de producción, acumulación y reproducción económica, social, política y cultural creado y recreado tanto por los colectivos humanos que la habitan cuanto por las estructuras que los sustentan.
No se hace solo de edificios, calles y parques. Es construcción social continua, desplegada por el compromiso-acción histórico de creación y recreación colectiva. Esto demanda el compromiso político y cívico de la gama diversa de quienes reconocen en ella su “patria urbana”. Pero sobre todo, su morada y hábitat, donde tejen su modo de vida. Por esto se afirma que el Guayaquil histórico se hace y recrea como una obra humana, social y cultural de todos los comprometidos con tan singular ser urbano.
Y no se reproduce sola. No existe únicamente como comunidad de hombres libres desde su fundación española y continuos traslados. Esa es una certeza solo válida cuando aceptamos que tiene un “pasado histórico” que no hay que omitir. No se lo debe hacer porque ahí está la prueba que nos revela el modo de vida de los “indígenas mercaderes”, que haciendo uso de su libertad navegaban grandes distancias para comerciar spondylus con pueblos de México, Centroamérica, Perú y Chile. Esa es la evidencia de que esta sociedad también se la produce desde el emprendimiento y el libre comercio. Pero esto no basta porque la historia socioeconómica, ideológica, política y cultural de Guayaquil tiene diversidad de acontecimientos que ponen en evidencia que su ser urbano se hace esencialmente de libertad. Sin ella, la ciudad-puerto es solo un nombre: Santiago de Guayaquil, la fe de bautismo puesta por los españoles. Ese proceder omite y silencia la vida histórica del Guayaquil, hecha memoria y tejida por todos.
Por eso es mejor decir que nuestra urbe, su ser social y humano, se hace colectivamente; la hacemos todos. Es obra de los que nos reconocemos en ese “mundo de la vida” socioeconómica, política y cultural, mercantil capitalista construido, históricamente, como compromiso y trabajo colectivo.