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Los golpes de la crisis

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Dependiendo del segmento profesional o de negocios en que se active, existen varias maneras de medir la crisis: unos lo hacen por los almacenes y tiendas que se cierran en la calle o en centros comerciales, otros por la ausencia de pacientes en las salas de espera de los consultorios médicos. Hay quienes los miden por la baja de la contratación de personal y algunos por la ausencia de comensales en los restaurantes y huecas.

En la educación particular la crisis se siente por los atrasos en el cumplimiento de las mensualidades, también por el pago en abonos de las pensiones y por supuesto, simplemente, por el dejar de pagar completamente en espera de mejores días o de que la vergüenza regrese al rostro.

Mas, hay otra forma acaso más dura y sensible, más lamentable y penosa con que la crisis se siente, porque implica pérdida y sacrificio.

Nos referimos a las decisiones que en determinados momentos deben tomar los padres de familia, sacrificando a los más pequeños, a los menores, a los párvulos “porque ellos pueden esperar”, “porque todavía no es necesario” o porque “no es tan importante”. Esta situación evidentemente golpea con fuerza a la educación inicial, conocida generalmente como jardín de infantes, al ver cómo se reduce su alumnado, cómo se debe prescindir de profesores parvularios y cómo se golpea a la infancia en los años que posiblemente resulten ser los más importantes para iniciar el aprendizaje.

Más allá de los párvulos, para la atención particular de niños y jóvenes, la crisis golpea con azotes huracanados, haciendo que la familia escoja el centro educativo particular, más por el valor de su pensión que por el nivel de educación que brinda, resignándose a perder calidad hasta que el mal tiempo pase.

El Ministerio de Educación se jacta de haber incrementado su alumnado, pero no dice que lo ha hecho simplemente porque los padres perdieron su capacidad económica para educar a sus hijos y no encuentran otra alternativa que llevarlos a la educación pública.

Una educación pública que tiene riesgos y que resulta ser todo un albur para quien llega a ella.

colaboradores@granasa.com.ec

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