Captura de pantalla. Estos centros de detención temporal comienzan a desbordarse por la llegada continua de niños.

En la frontera de EE. UU. “los ninos lloran y gritan llamando a sus mamas”

Los niños separados de sus padres en el límite entre México y Estados Unidos son retenidos por patrulleros fronterizos en espacios cercados que parecen jaulas.

Los niños separados de sus padres en el límite entre México y Estados Unidos son retenidos por patrulleros fronterizos en espacios cercados que parecen jaulas, donde los pequeños “lloran y gritan llamando a sus mamás”, contó una pediatra que visitó varios centros de detención temporal en Texas.

“Desde afuera, podíamos escuchar las voces de niños que parecían estar jugando o riendo, pero cuando nos abrieron la puerta, vimos cómo 20 o 30 niños de cerca de 10 años, encerrados en uno de estos recintos de valla metálica, estaban llorando, gritando y llamando a sus mamás”, contó a la AFP la pediatra Marsha Griffin.

Las mamás eran recluidas en otra jaula a unos 15 metros. “Algunas podían ver a sus hijos pero no podían acercarse, otras no llegaban a verlos. Y los niños estiraban sus manos a través de la valla metálica, llorando y tratando de alcanzar a sus mamás”.

“Era horrible”, contó Griffin, quien lleva diez años examinando la situación de los niños retenidos en la frontera entre Texas y el estado mexicano de Chihuahua.

La separación familiar no es nueva, pero era aplicada a discreción de los agentes de la patrulla fronteriza. Ahora nadie se salva, gracias a la reciente política de “cero tolerancia” del presidente Donald Trump. Más de 2.000 niños han sido separados de sus padres desde el 19 de abril.

Los inmigrantes que entran a Estados Unidos ilegalmente por el límite con México, así como los que lo hacen pidiendo asilo, son enviados a un “centro de detención” de la patrulla fronteriza.

Allí, los inmigrantes son retenidos en espacios cercados por vallas metálicas, divididos por edad y género. Los hermanos también pueden quedar separados. Esto puede durar 72 horas, hasta que el caso es resuelto o los niños son enviados a refugios del Departamento de Salud.

Como estos centros de detención temporal comienzan a desbordarse por la llegada continua de niños separados de sus padres, surgen nuevas soluciones del gobierno.

En el desierto de Chihuahua, todo lo que se ve alrededor es plano, marrón, con algunos arbustos a lo lejos y un horizonte líquido por el calor. Allí, en medio de la nada, las autoridades instalaron un campamento donde retiene a los niños inmigrantes clasificados como “sin acompañante”.

Los niños separados muchas veces son reclasificados como “sin acompañante”, han explicado abogados a la AFP.

En este nuevo campamento, tras una serie de cercas, se pueden contar al menos 18 carpas blancas. Por ahora alberga muchachos de 16 y 17 años, tiene unas 360 camas y se espera que alcance 4.000. Fue levantado la semana pasada en una base de la patrulla fronteriza en El Tornillo, un pueblo reseco cerca de El Paso, en el límite entre Texas y México.

Una delegación de alcaldes de Estados Unidos visitará el jueves el lugar.

Estrés tóxico

Los pediatras alertan del “estrés tóxico” que padecen los niños detenidos en estos “centros de detención”, que albergan tanto a menores de edad que migraron solos, como a los que fueron separados de sus padres, incluso si son bebés.

“Separar a los niños de los padres contradice todo en lo que nosotros creemos como pediatras”, dijo la presidente de la Asociación Americana de Pediatría (AAP), Colleen Kraft.

La AAP detalló en un comunicado que “el estrés tóxico, causado por la exposición prolongada a estrés intenso, tiene efectos nocivos para la salud a corto y largo plazo (...) que pueden contribuir a condiciones crónicas como depresión, estrés postraumático y enfermedades cardiovasculares”.

“Estos niños pasan por un proceso de estrés tóxico y trauma, porque no saben lo que va a ocurrir con ellos”, dijo Griffin.

Por eso los pediatras piden que estos centros contraten especialistas entrenados en cuidado infantil, para que los reconforten y les expliquen lo que pasa.

“Pero cuando les decimos esto a los agentes, se molestan. Dicen que ese no es su trabajo, que ellos se ocupan de hacer cumplir la ley y que no tienen tiempo para esto”, aseguró Griffin.

Como pediatras, “sabemos el severo daño que esto está causando en este mismo momento a cientos y cientos de niños. Creo que somos mejores que eso. Como país, ciertamente creemos que todos los niños son valiosos”.

html