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Froilan, el sepulturero que vive con un muerto

Cuando la tierra tiembla en Pedernales, su enterrador -Froilán Cevallos- piensa en sus muertos.

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Cuando la tierra tiembla en Pedernales, su enterrador -Froilán Cevallos- piensa en sus muertos.

Lys Arango, periodista y responsable de prensa de Acción contra el Hambre, fue a visitarlo al cementerio. Lo encontró junto a su hijo y tres muchachos preparando una tumba para trasladar el cuerpo de una mujer y su hijo, enterrados en una bóveda ajena.

“Yo soy analfabeto, nunca fui a la escuela”, le dijo. “Mi hijo viene a ayudarme porque me ve viejito, y eso le honra. Yo aprendí desde muy niño a trabajar en el campo, con el machete: me hizo persona de bien”.

Cuando ocurrió el terremoto lo primero que hizo Cevallos fue subirse a una moto y acudir al centro a ver qué había ocurrido. Entró así en una película de terror. No había electricidad y los faros de la moto iluminaban edificios caídos, gente gritando y pidiendo auxilio.

Escuchó voces que avisaban de la llegada de un tsunami y se acercó al malecón. Pero la única ola que se acercaba a Pedernales, dijo, era de ladrones. Saquearon almacenes y casas en la misma noche del terremoto.

Ocurrió a las 18:58 del 16 de abril; en ese momento Ecuador sufrió un temblor de 7,8 grados de magnitud durante 45 segundos; provocó 661 muertos, y la ciudad peor parada fue Pedernales. Unos pocos edificios quedaron en pie.

Esa misma noche sacó cadáveres de los escombros y de mañana, sin dormir, buscó huecos en el cementerio. Esas tumbas no tienen adornos, no tienen cruces, no tienen fechas. Algunas incluso no tienen nombre. Porque están hechas, dijo, “a la desesperación”.

La relación de Cevallos con los muertos comenzó a los 17 años, cuando abrió su primer cadáver. Él habría querido ser forense, pero como sus padres no le llevaron a la escuela se fue a pedir trabajo a la morgue.

Le llegaron a ofrecer dinero por un cadáver, algo que no solo es delito “sino pecado”.

Su experiencia más cercana con un muerto la tiene en casa: vive con uno. “Debajo de la cama donde duermo tengo un muertito entero”.

Hace cuatro años se encontraba tomando unos tragos cuando, a las 05:30 de la mañana, escuchó unos ruidos. Vio a “dos pendejos” cargando un saco enorme. Agarró un machete y fue tras ellos hasta que dejaron el saco tirado. Dentro había puros huesos.

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