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Diario Expreso Ecuador

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Fougères

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Mamá, Isabel de Luque, estaba convencida de que al casarse con papá, que tenía su abuelo materno francés, también asumía las raíces francesas. Por eso crecimos viendo una participación muy activa de ella en la Alianza Francesa, en sus directorios y en las fiestas de Francia. Los 14 de Julio se hablaba ilusionados de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Hasta tenía mamá su profesora de francés en casa, “madame” Hardy.

Así conocimos al Bernard director de la Alianza Francesa, y así papá, mamá, Evelina y Bernard, a pesar de su diferencia de edades, fueron grandes amigos, sobre todo en las incontables fiestas francesas.

Para muchos, el amigo que acaba de partir era el hombre del Show de Bernard, de Epicuro y de Mafalda. Eso es cierto, pero mi gran amistad con Eve me acercó al eterno hombre enamorado y al agnóstico irreverente. Hay lecciones de Bernard que quiero compartir.

Varias veces fuimos invitados a sus casas de Ballenita o de Guayaquil para disfrutar de una mezcla explosiva de platos de sabores espléndidos, acompañados de los vinos más aromáticos que uno puede imaginar. Bernard nos decía que cuando cocinaba para sus amigos, todo el proceso, desde definir el menú y comprar los insumos más frescos, hasta la preparación, los arreglos de los platos y la combinación de los vinos, era un acto de amor. Lo comparaba con la frase de El principito: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz. A medida que se acerque la hora me sentiré más feliz. Y a las cuatro, me agitaré y me inquietaré. ¡Descubriré el precio de la felicidad!”.

Para Bernard no hay nada más allá de la muerte. “Envidio tu fe cristiana -me decía- porque me gustaría volver a estar con Eve, ponerle flores en el desayuno, tocar el piano para ella y dejarle notas de amor en cualquier lugar”.

Escuché a su hija Michelle decir en su sepelio, que la enfermera a cargo en la terapia intensiva le reportó que Fougères insistía en la presencia de ella (de Eve); que ya estaba allí porque era hora de irse nuevamente juntos. Coincido con su otra hija, Sol: “Se fusionaron por fin en una sola luz y gran energía”.

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