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Familia, ese lugar sagrado
Es el lugar más íntimo de la mayoría de nosotros, al que cuando no entendemos qué está pasando afuera nos aferramos más fuertemente; aquel donde nuestras heridas se alivian con solo una sonrisa, con un abrazo o simplemente con un “tranquilo, todo pasará. Yo estoy y estaré junto a ti”.
También es donde ejercitamos nuestros primeros diálogos, nuestras primeras negociaciones, nuestras primeras ganancias, nuestras primeras pérdidas y nuestros primeros acuerdos.
Allí se forma nuestra forma de amar, nuestra forma de respetar, nuestra forma de colaborar, nuestra forma de organizarnos y de reaccionar; todo ello formará nuestra manera o modo de vivir, modo que vamos a replicar el resto de nuestras vidas.
Hoy las familias están afectadas en medio de un inédito caos producido por desinformación, chismes, prejuicio, difamación, calumnia, errores propios o de la pasión electoral, y las familias lo están enfrentando, con culpa o sin ella, con el único antídoto que tienen: la forma de ser familia que aprendieron desde niños.
Peor aún, muchas familias están divididas o discrepan por temas electorales, permitiendo que lo banal impacte sobre lo trascendental.
Podría parecer elemental, pero esta columna pretende llamar la atención para que analicemos profundamente de qué tipo de familia vienen los candidatos a los que vamos a elegir este 19 de febrero. ¿A quiénes los habrán educado en construir puentes en vez de murallas? ¿Cuáles tienen una forma de solucionar nuestros problemas sin llevarnos nuevamente al conflicto permanente?
Justamente por no haber analizado ese punto fundamental estamos como estamos. Muchos dichos populares nos dan la línea: “no se puede pedir peras al olmo”, o “árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”, y varios más que deben estar en su cabeza.
Seguirán muchos momentos más difíciles en los próximos días, semanas y meses; estos se muestran amenazantes, caóticos. Pero debemos volver nuestra mirada a nuestro refugio, a nuestro núcleo fundamental, a nuestra familia, ese lugar sagrado, y no permitir que nada la desestabilice.
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