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Los exalumnos que aun corean el himno lasallano
Cada vez que alguien más arribaba al lugar corría un susurro uniforme de frases cortas y reiterativas: “Quién dijo que no venía...”, “Le dieron permiso...”, “Rengueando pero está aquí...”.

Cada vez que alguien más arribaba al lugar corría un susurro uniforme de frases cortas y reiterativas: “Quién dijo que no venía...”, “Le dieron permiso...”, “Rengueando pero está aquí...”.
Luego, como un acto programado, el recién llegado extendía sus manos e iba abrazándose con cada uno de los miembros de un grupo que se citó la noche del jueves pasado en uno de los salones del Guayaquil Yacht Club.
Es una logia de “buenos muchachos”, dice José Centeno Abad, un reconocido constructor guayaquileño que actuó de coordinador de la reunión.
Todos, egresados del San José La Salle de la décima sexta promoción. “Tenemos 54 años fuera, pero mantenemos esa estimación con la que salimos de las aulas”, agrega Adolfo Grunauer Klaere, un ingeniero comercial que por 16 años actuó como el cónsul de Rusia en Guayaquil.
Aunque aquella tarde de enero de 1964 fueron 74 los que se graduaron, solo 43 habían confirmado su asistencia. “Hay 14 que se quedaron en el camino”, dice Edward Faggioni Camacho, ingeniero comercial y abogado, catedrático en la facultad de Ciencias Administrativas de la Universidad de Guayaquil, quien hace una confidencia: “En 40 años de profesor, muy pocas veces dejé a mis alumnos solos. Pero esta vez lo hice. Les dejé tareas y me vine. A estas citas no suelo faltar”.
La última reunión se dio hace dos años y fue en el mismo lugar del encuentro del viernes.
“Justo al día siguiente falleció uno de nuestros compañeros”, recuerda Raúl Chiriboga Albán, otro de los arquitectos y catedráticos del grupo.
El reencuentro se llenó de emotividad cuando todos se levantaron de sus asientos y con la solemnidad con la que se plantaban serios y firmes en la época de colegio, entonaron las estrofas del himno lasallano.
Esto se dio luego de que Gerónimo Pereira Gando, abanderado del Pabellón Nacional de su generación, tomó la palabra para el brindis de rigor.
Hubo música y una cena de por medio. Aunque no faltó en algún momento ese toque nostálgico por los que ya no estaban, la jornada se matizó entre bromas y recuerdos de viejos apodos. Más de uno señaló a los bromistas de la época de colegio: Centeno y Faggioni.
“No han perdido esa esencia”, comentó uno de ellos.