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Que el estallido nos despierte
Yo no le he perdido el interés a la política pero, lo que aquí se hace cotidianamente con ese nombre no es política, apenas llega, si se lo queremos conceder, a electoralismo rampante y eso, definitivamente ya no me motiva. Hay otras cuestiones que me generan más entusiasmo, muestran mejor la nobleza de la condición humana, antes que sus miserias.
En esas reflexiones estaba cuando el estallido de San Lorenzo me trajo a la realidad concreta.
Los que entienden la política como mero electoralismo adornado con mayor o menor habilidad y promesas, buscan recursos donde los haya y no excluyen de esa búsqueda ni los provenientes del narcotráfico.
La corrupción, disfrazada de ideología, permea todos los sectores sociales y, por razones obvias, las fuerzas de seguridad que están donde las papas cuecen, en no pocas ocasiones también caen. Con los malos ejemplos de los últimos tiempos, con mayor razón. Si todo marcha como corresponde no hay problema pero, si algún despistado que no está en la movida se pasa de capturas y descubre refugios, esto puede provocar airados reclamos, explosivas recriminaciones.
¿Deriva la de Esmeraldas de situaciones como las descritas? No lo sé. El único hecho cierto es que durante la década infame la corrupción se convirtió en política de Estado y abarcó todos los frentes.
Ahora, cuando irrumpe en razón de asuntos todavía no claramente determinados una dura manifestación de narcoterrorismo, sin dejar de averiguar qué la ha provocado, cabe blindar a nuestros organismos de seguridad, partiendo por limpiarlos si están infiltrados y haciendo sentir todo el peso de la ley a los responsables.
¿Será ello posible? Contamos con el equipo humano y técnico debidamente preparado para poder hacerlo. ¿O caerán todos los “pesos” sobre la ley y seguirá reinando la impunidad?
El asunto requiere una gran unidad nacional y sobre todo, una enorme probidad que tengo plena conciencia de que todavía existe en el Ecuador. Sin otro cálculo que el interés patrio, tienen el Gobierno y los ecuatorianos una hermosa oportunidad de poner a prueba la consistencia de sus valores éticos, su firmeza.