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Los escenarios del 2 de abril
El soberano, eje fundamental de la democracia, se ha pronunciado. Su veredicto fue dado. Las cifras explican más que las palabras. Sobre ellas pueden darse distintas percepciones, lecturas e interpretaciones. Pero los números siempre se constituyen en evidencias incontrastables que pocas veces admiten dudas. Con su objetividad (en valores absolutos y relativos), dicen claramente que no obstante que el oficialismo ganó en la primera vuelta, la gran mayoría de electores no tuvo la misma decisión.
Desde los hechos cabe una sola conclusión: la sociedad pide un cambio inmediato. Pero no solo de candidatos y líderes. Quiere que el país tenga una orientación y un tipo de gobierno diferentes a los que han regido en el periodo 2007-2017. Esto deben asimilarlo y comprenderlo bien los finalistas y sus asesores. Por eso lo que viene luego es la configuración de nuevos y posibles escenarios.
El primero es que no se sepa interpretar adecuadamente el pronunciamiento electoral del soberano. Que no se cambie nada y se siga creyendo que la mayoría de votantes continúa respaldando el programa, estilo de gobierno, liderazgo y la forma de hacer política y de ejercer el poder actuales. Esto puede llevarnos a momentos de dura y abierta confrontación entre finalistas.
El segundo es que los dos candidatos asuman esa decisión y votación de la ciudadanía, y se dispongan y preparen para realizar las readecuaciones, reestructuraciones y cambios requeridos. Esto implica que uno y otro busquen comprender qué realmente dijo y demanda la mayoría de la sociedad ecuatoriana.
Un tercero es que ambos finalistas ignoren lo que expresan esos resultados y pronunciamientos, dedicándose a una abierta confrontación, buscando únicamente ganar y captar “ideológicamente al votante”, sin preocuparse en lo más mínimo por los destinos del país.
Por eso es preciso e importante que las dos fuerzas políticas finalistas vayan pragmática y discursivamente hacia la creación de un nuevo escenario que beneficie positivamente al conjunto de la nación. Esto requiere moderación. Pero sobre todo saber que el Ecuador es mucho más que una organización partidista, eslogan de campaña o un candidato. Esto supone decir: “Primero, el país y la sociedad ecuatoriana, luego los partidos y sus líderes”.