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Diario Expreso Ecuador

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Un enfoque cientifico

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Ahora que se ha destapado el escándalo de corrupción de Odebrecht, la mayor parte de los editoriales, comentarios y mensajes en redes sociales tienen que ver con el enfoque moral del tema. Es entendible la reacción furibunda de la comunidad, buscando “sangre” (figuradamente hablando).

Quiero empezar diciendo que es iluso pensar que la corrupción en el aparato público tiene su fecha de nacimiento hace 10 años, pues desde la venta de la bandera en 1895, hasta la compra de la chatarra en el gobierno de Velasco, siempre existió “la acción deliberada de un agente estatal en contra de sus obligaciones oficiales con el propósito de favorecerse injustamente a sí mismo o a otros”, como lo escribiría Julio Sergio Ramírez. El punto es entender científicamente su razón. Edwards Deming decía que cuando algo no funciona, en el 15 % de las probabilidades se debe a las personas y en el 85 % de las probabilidades se debe a temas relacionados con sistemas, procesos y políticas. En el caso en marras no podemos descartar la incidencia del 15 %, pero el tema no descansa ahí, como tampoco descansa en echarle la culpa a Odebrecht sobre la corrupción. Debemos aceptar que existieron procesos equivocados que empoderaron a algunos actores muy por encima de lo razonable en una democracia moderna. El Ecuador pasó de una suerte de anarquía por 10 años (1996 a 2006) a un gobierno autoritario, el cual por cierto le gusta a una gran cantidad de electores. Esta transformación borró el esquema de pesos y contrapesos en la sociedad, concentró poderes de manera sin precedentes, limitó la fiscalización independiente y generó una conducta de lo urgente por encima del procedimiento. Es indudable que el país avanzó, pero el costo ha sido grande.

De todos los males que nos han hecho los “doleiros”, quizá el de la duda generalizada, la suspicacia y la distracción sobre los temas trascendentes para el país, son los mayores. Vigilemos que la justicia haga su trabajo, pero racionalmente concentrémonos en el 85 % de las causas, de manera que podamos construir un futuro que nos haga sentir dignos como nación.

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