Las encrucijadas de la educacion

Los dos grandes objetivos de la educación superior del país y de América Latina son cobertura y calidad. Se corre el riesgo de no entender las implicaciones de lo que ambas suponen y de las profundas modificaciones que introducen en las instituciones de educación superior.

La cobertura implica no solamente la atención a la mayor cantidad de estudiantes que solicitan cupo, sino la calidad con la que se los atiende. En los años sesenta del siglo pasado, se creyó que con el libre ingreso a las universidades públicas se solucionaba todo. No faltan los que todavía siguen creyendo en esta idea equivocada, sin darse cuenta de la trampa que significa. Esa tesis generó, entre consecuencias lamentables, la ficción de que bastaba un cartón para ser competente y que de lo que se trataba, era obtenerlo, a toda costa. -Estoy aquí para sacar mi título- se volvió slogan de muchos jóvenes y no tan jóvenes que no miraban más allá.

La cobertura exige por el contrario, calidad. La educación en la universidad es un proceso que forma personas y ciudadanos conscientes, con conocimientos y habilidades. Solo así podrán sobrevivir y salir adelante en sociedades que requieren capacidades de innovación, adaptabilidad, y emprendimiento.

Un caso exitoso de la mezcla de cobertura y calidad, es Brasil. La semana pasada, la universidad privada, UNICESUMAR, alcanzó el número de cien mil estudiantes a distancia con las mejores garantías de calidad, seguimiento a los alumnos de todas partes del país, empleabilidad, baja tasa de deserción y de repitencia. Su rector insiste que la actual crisis ética y política del país, requiere de individuos comprometidos con su vocación y su país, su ciudad y su gente y ello implica un pacto actualizado de forma permanente entre estudiantes, profesores y autoridades, no por obligación o por censura como es nuestro caso. ¿Los pensamientos desde las diversas instancias del Estado, que gestionan las reformas a la LOES, contemplan estos desafíos?