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Sin ejemplaridad publica
Resulta tristemente llamativa la propaganda oficial respecto a los beneficios que la repotenciación de la refinería de Esmeraldas le significan al Ecuador.
Nadie ha puesto en duda que mantener su capacidad de refinación significa, pese a la caída de los precios del crudo, un sustancial ahorro.
Lo que el país lamenta, a partir de las denuncias aparentemente sustentadas que se han hecho y, sobre todo, por la ausencia de un desmentido oficial al sentido de las mismas, es que dicha repotenciación, así se lo ha señalado, haya tenido un costo casi diez veces superior al que debió pagarse.
El tema entonces no es un debate sobre el provecho obtenido con la acción referida sino, claramente, acerca del sobreprecio pagado por ella, asunto sobre el que hasta ahora no se ha emitido el imperativo pronunciamiento de las autoridades respectivas.
Dar la callada por respuesta no es admisible. Tampoco el socorrido recurso de “a ese funcionario no lo he conocido en mi vida” y que luego aparezcan pruebas no solo de una antigua relación sino también de gran cordialidad en aquella.
A tanto ha llegado el comportamiento equívoco, que no merece otro calificativo el que se ha mostrado recientemente, que pareciera que en los propios sectores oficiales ha comenzado a preocupar la creciente atmósfera de corrupción que invada a la República y en la que, precisamente el tema petrolero, es uno de los que más aporta a ese desvergonzado proceder.
Por eso, al menos, es importante insistir en la necesidad de devolverle al país la respetabilidad imprescindible para el buen gobierno que requiere la administración de los bienes nacionales. Dicha respetabilidad está seriamente lesionada, no exclusivamente por la frecuencia de las denuncias; también la deteriora la presencia en el ejercicio de altos cargos de amplia vinculación con el combate a la corrupción. Por razones de ejemplaridad pública, dichos cuestionados funcionarios deberían tener, siquiera como un gesto, el de poner sus cargos a la disposición de la función del Estado de la cual depende su nombramiento.
De no ocurrir así, la creciente desconfianza que los ecuatorianos mantienen en relación a muchos de los funcionarios continuaría incrementándose con negativas consecuencias para el interés general de la nación y sus abochornados ciudadanos.