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La dieta de la economia
A Ecuador le pasa, pero a la inversa, como a esos excompañeros de colegio que nos encontramos después de muchos años y vemos que han engordado con la edad.

A Ecuador le pasa, pero a la inversa, como a esos excompañeros de colegio que nos encontramos después de muchos años y vemos que han engordado con la edad. Su economía también ha experimentado un cambio de imagen radical en los últimos 10 años, pero de efecto contrario. Engordó y creció durante los primeros siete años del nuevo modelo de Estado paternalista que alimentaba con abundancia, para después, en la madurez, adelgazar de golpe.
Su dieta juvenil no debió ser tan saludable, a juzgar por lo rápido que perdió peso tras dos años y pico con hambre de ingresos petroleros. En el proceso ha dejado al motor del país en una anemia que saca a la luz los contrastes entre lo planeado y lo acontecido.
El proyecto de gobierno de Rafael Correa prometía mejorar las cifras de desempleo y el poder adquisitivo de las familias, planeaba liberar al país de una deuda impagable que asfixiaba su futuro y apostaba por un esquema económico ‘made in Ecuador’, que democratizara los medios de producción y donde el Estado asumiera un rol intervencionista para orientar la inversión y garantizar la generación de empleo.
Diez años después, el desempleo no solo está al nivel de una década atrás, sino que lo supera en dos décimas (de 5 % en 2007 a 5,2 % en 2016) y tiene sin trabajar a casi 100.000 personas más, con especial incidencia en jóvenes desesperanzados. La erradicación de la informalidad, otra de las banderas ondeadas, sigue acaparando en torno a la mitad de las plazas de trabajo (el 43,7 % a diciembre de 2016) y el poder adquisitivo de las familias, aunque se ha más que duplicado (de 317 dólares mensuales a $ 683), sigue siendo insuficiente para adquirir una canasta de productos básicos que en 2007 costaba $ 472 y ahora $ 700.
La estrechez que viven de puertas adentro los hogares se replica en la gran familia ecuatoriana, encabezada por ‘papá Estado’, que también tiene sus cuentas en contradicción con sus planes.
El Gobierno quería un futuro sin deudas impagables y apostó contra todos al declarar a los mercados la ilegitimidad de la herencia de períodos anteriores. El mismo Ejecutivo, a finales de 2016, acumulaba una deuda pública que casi triplica los créditos contabilizados por el Banco Central de Ecuador en 2007 y que será el legado para el sucesor de Rafael Correa como presidente, a partir del próximo 24 de mayo.
Dice Fidel Márquez, rector de la Universidad Ecotec, que ese modelo de corte keynesiano -el que fomenta un Estado gran inversionista y empleador- da resultados mientras tenga recursos, pero necesitará financiamiento extraordinario si estos se acaban, por ejemplo, con la depreciación del petróleo a menos de la mitad.
“Al caerse el precio del barril, se rompe la primera fuente de recursos. La actividad económica que estaba basada para su crecimiento, en el consumo del Gobierno y de la familia, empieza a bajar y con ello el consumo. La economía deja de tener la glotonería de la época anterior” y se ve obligada, entonces, a reducir las dosis de consumo en un modelo que, en 10 años, no cambió las estructuras productivas, pese a los planes para desarrollar una nueva matriz que fomentara todo lo que tuviera sello nacional. “Cambió las estructuras físicas, sí, pero hay que ver si tienen calidad para aguantar” el choque económico que se inició en 2014.
El error, apunta Márquez, fue no ajustar el esquema a lo que se venía. “Todo modelo tiene un timing”, y según el rector de Ecotec, Ecuador dejó pasar demasiado tiempo sin hacer cambios en su estrategia. Y eso que se venía tuvo, además, efectos amplificados debido a cuatro factores propios del país, según el análisis de Augusto de la Torre y José Hidalgo Pallares, recogido en un informe de Cordes: “La ausencia de ahorros líquidos, la elevada prima de riesgo soberano, la estructura productiva dependiente de la demanda interna, y la alta conflictividad política”.
Aun hoy, el Estado inversionista renuncia con reticencias a ceder parte de su protagonismo. En 2015, le guiñó un ojo al sector privado, apartado durante años de los proyectos de inversión estratégicos, para que arrimara el hombro con alianzas público-privadas, pero se han ido materializando con dificultad. Pese a ello, consiguieron inclinar la balanza inversora levemente del lado empresarial ese año. Los capitales (formación bruta de capital fijo) llegaron en un 53,6 % del sector privado, mientras que en 2014 y 2013, en consonancia con la planificación oficial, dominaban los fondos públicos.
A punta de contradicciones -imprevistas o fruto de la resignación anticíclica- respecto a lo ofrecido a los ecuatorianos en 2007, la economía se adapta a la nueva realidad. El mismo ajuste, necesario para evitar que Ecuador entre en una crisis sistémica que pueda llegar a desmantelar el progreso social experimentado durante la década de bonanza (2003-2013) es, según el informe de Cordes, pura contradicción. Restablecer las condiciones de crecimiento en el mediano plazo, en un país dolarizado, requerirá, dice el texto, un recorte del gasto fiscal (o un aumento de impuestos) que, como efecto perverso, reducirá el consumo doméstico. Es decir, será recesivo para la economía a menos de que esta se compense con mayor producción del sector privado.
En definitiva, la salida a la crisis que pondrá fin al ayuno económico requerirá sacrificios. “Esperemos que no afecte a los más desprotegidos”, confía el rector de Ecotec, a sabiendas de que, sea como sea, “no hay almuerzo gratis”.
No es contradicción usar la deuda como inversión
Antes de decir si la economía y, en concreto el nivel de deuda, ha entrado en contradicción respecto a los planes oficiales, María Elsa Viteri, exministra de Economía del primer gobierno de Correa, considera que es importante ver con qué se comparan las cifras. “La deuda externa, vista en términos relativos, se mide en función de cuán capaces somos de asumirla. En países como Ecuador, que están en vías de desarrollo, se necesita mucha inversión y esta se obtiene de la deuda interna o externa”.
Si la cifra de endeudamiento ha crecido fuertemente, con ajustes en su fórmula de cálculo en 2009 y recientemente, también lo ha hecho extraordinariamente, defiende Viteri, el Producto Interno Bruto del país. Es un reflejo de los avances económicos alcanzados y sostenidos, en parte, a través de las inversiones financiadas con deuda. Y eso, en definitiva, significa en que un Gobierno que “se desendeudó”, en palabras de la exministra, de una herencia que no tenía un respaldo en proyectos, sino que solo suponía una salida de recursos del país, no entra en contradicción con sus planes si aumenta los niveles de endeudamiento para hacer progresar al país en lo económico y en lo social.
Y en ese punto se detiene Viteri para lamentar la falta de comprensión que se desprende desde el sector privado y otras corrientes políticas sobre el costo de generar un avance en el desarrollo social. La inversión para hacer crecer el recurso humano, dice, es a largo plazo y no se ve, pero está ahí y es un avance. No una contradicción.