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El diablo ‘anda suelto’ en las calles y plazas de Quito

El diablo caminó por las calles de Quito. En un esfuerzo por acercar la cultura popular a los quiteños, 160 diablos de varias regiones del país ‘se tomaron’ la capital. Calles, plazas y parques se llenaron de música y color. Predominó, obviamente, el rojo.
Allí estuvieron los diablos de Píllaro, los de hojalata de Riobamba, los ‘mojigos’ del cantón Jujan, los Aya Umas de Imbabura, los de Alangasí, los de Cantuña de Quito así como los cucos. Sus trajes y máscaras llamaron la atención de los transeúntes, aunque no fueron pocos los niños que también se asustaron ante la cercanía de los danzantes disfrazados. Algunos incluso portaban imponentes bastones.
“Es bacán todo esto”, comentó con alegría Anderson García. Él llegó desde Píllaro. Representa al diablo desde los nueve años (ahora tiene 19). Empezó cuando vio a su tío que se disfrazaba en las tradicionales fiestas pillareñas, de enero. En ellas, los demonios son los protagonistas.
García llevaba su rostro parcialmente cubierto con una máscara negra. En su cabeza sobresalían unos cuernos pequeños y de la boca de cartón salía una larga lengua roja.
Los diablos se tomaron las plazas más representativas del Centro Histórico. Las figuras de rojo bailaron frente a las tradicionales iglesias de Santo Domingo y San Francisco. A su paso por la Plaza Granda, frente al Palacio de Gobierno, algunos ‘marcharon’ a paso militar.
Luego avanzaron al Quito moderno. En La Mariscal recorrieron la avenida Amazonas hasta llegar a las instalaciones de la Casa de la Cultura.
Patricia Noriega, curadora del Museo Etnográfico de esta entidad, explicó a EXPRESO que el objetivo de la actividad era promover y difundir del patrimonio inmaterial, vinculado con las fiestas. “Nos hemos dado cuenta de que existen varias festividades de este personaje”, precisó. Por eso, los invitaron a Quito.
Los quiteños que se cruzaron con la singular marcha los recibieron con curiosidad y alegría. “Excelente diablada”, comentó Joshua Pazos. “Hermosa tradición riobambeña”, destacó también Wilson Castro. Anita Ayala festejaba porque ya había tenido la oportunidad de ver a los personajes en Píllaro y, ahora, los pudo volver a ver en su propia ciudad.
A su paso –y acompañados por la música de las bandas de pueblo– los diablos, satanás y demonios bailaron con algunos quiteños. A una cuadra de la Iglesia de Santa Teresita también se dieron tiempo para festejar el cumpleaños de una quiteña de la tercera edad. Bailaron, cantaron y se tomaron fotos con ella y sus amigos. (F)