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Destitucion de Dilma Rousseff
Fue amplia la simpatía con que en ámbito continental y mundial se recibió la elección, el 2010, de Dilma Rousseff como primera mujer presidente del Brasil. Y el sentimiento no lo inspiró únicamente la condición de género de la antigua guerrillera. También se apreciaba en ella su recia militancia, su inclaudicable vocación que la llevó a las filas del PT (Partido de los Trabajadores), llegando a ocupar la cartera de Energía y Minas en uno de los gobiernos de su mentor: Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva.
Reelecta el 2014, los escándalos de corrupción, muchos de ellos vinculados con manejos dolosos en la empresa pública petrolera Petrobras y luego con la privada Odebrecht, deterioraron rápidamente su popularidad y la de su partido, dando paso a un proceso de enjuiciamiento que comenzó en diciembre del año pasado y que culminó el pasado miércoles con su destitución.
Cabe destacar que la ahora expresidenta no ha sido destituida acusada de corrupción sino por “violar la ley fiscal” y por ello fue posible que una segunda votación que propuso inhabilitarla políticamente por ocho años, no prosperó.
Todo ello revela que la crisis brasileña no concluye con lo hasta ahora ocurrido.
Lamentablemente, es ostensible la existencia de una sociedad profundamente dividida en un momento de dificultades económicas que obligan al nuevo gobierno, con muchos de sus funcionarios también sometidos a enjuiciamientos por acusaciones de corrupción, a tomar medidas que tendrán que ser muy bien explicadas para tratar de evitar la reacción de los sectores populares, que suelen darse de manera tumultuosa en las calles.
En cualquier caso, también se manifiesta dividida la opinión internacional respecto a los cambios políticos comentados. Los gobiernos oscilan entre quienes los condenan, calificándolos de golpe de Estado que afecta la soberanía popular, hasta quienes los respetan como producto de la decisión de los legítimos representantes del pueblo.
Queda claro que uno de los damnificados es el ya maltrecho proceso de integración del Mercosur. La correlación de fuerzas se inclina ahora en dirección contraria a la que venía manteniendo, precisamente bajo la hegemonía del Brasil.
En cuanto al Gobierno del Ecuador, la posición es consecuente con los países de la Alba. Ojalá no llegue a la ruptura de relaciones.