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Diario Expreso Ecuador

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La desidia del Monstruo Naranja

El Coliseo de Deportes de Combate es uno de los grandes enigmas en Guayaquil. Esta imponente edificación se convirtió en una bodega de Fedeguayas.

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Para unos es un templo evangélico; otros dicen que es una cancha de fútbol sala o vóley; hay quienes creen que es un anfiteatro; y también están los que no tienen la mínima idea de lo que es, o los que ni siquiera recuerdan que está ahí. Hablamos del Coliseo de Deportes de Combate (judo, taekwondo, box, karate, wushu, etc.); o como Pierina Correa, presidenta de Fedeguayas, lo denomina cariñosamente: el Monstruo Naranja, obra que quedó incompleta y hoy se utiliza como bodega donde reposan artefactos de otros escenarios de Fedeguayas.

Una imponente edificación construida con ladrillos naranjas, hoy llenos de moho y que han perdido su color por las lluvias, el caluroso clima guayaquileño y el evidente abandono de sus responsables. Curiosamente, su fecha de cimentación no es concreta, ya que al consultarle a la directiva de Fedeguayas que puso la primera piedra, un síndrome de amnesia le imposibilita recordar el año. Se dice que este coliseo empezó a levantarse en 2005 y otros que fue en 2010.

Ni hablar del financiamiento. Según José Luis Contreras (presidente que levantó el proyecto), esos documentos deben constar en los archivos de Fedeguayas, pero EXPRESO los solicitó y la entidad respondió que “no es tan cierto que la documentación está a la mano” y que la que existe del tema es “escueta”.

La mayoría de personas que a diario circulan en las orillas de esta edificación se cuestionan qué hay dentro. A pesar de que todos sus accesos frontales y visibles tienen puertas de metal (cubiertas de óxido) para impedir el ingreso y se cuenta con seguridad privada, a un costado de la obra una puerta vieja de madera permite entrar a merodear una parte de lo que queda de esta imponente construcción, constituida de pura materia gris, con partes sin finiquitar, camerinos, baños y bares a medio construir, basura (botellas de gaseosas, papeles), uno que otro grafiti, hierba mala que crece en su parte posterior y escaleras que aún muestran signos de un claro abandono.

Ingresar a la parte principal es casi utópico, pero hay quienes logran infiltrarse por la parte más alta. Una vez dentro, lo que se percibe es mucho material de otros escenarios de Fedeguayas (luces, inodoros, bombas de agua, colchonetas, camas, varillas, pallets, estructuras metálicas, residuos, tejas), habiendo artefactos que pueden ser útiles.

Comprende 22 escalinatas frontales y 15 laterales, logrando apreciar desde el punto más alto la grandeza de este escenario, que en invierno se convierte en una piscina por la filtración de agua que existe por su techo y ventanas sin cobertura.

Cuenta la leyenda que, estructuralmente, este escenario no abarca tres tatamis para deportes de combate, siendo este uno de los principales frenos para su construcción, aunque esto es negado por los precursores (José Luis Contreras y Roberto Gilbert) del hoy monumento. Pero lo cierto es que dentro de la edificación se observa cómo las gradas laterales fueron recortadas y dos pilares (trascendentales para sostener la obra) tienen ‘picadas’, mostrando una intención de derribarlos para otorgarle mayor espacio al lugar.

Aunque actualmente hay espacios donde, sin problemas, se practican deportes de combate (Complejo 4 Mosqueteros y el Polideportivo Huancavilca), este Monstruo Naranja cada día pierde su color y su imagen colosal pasa desapercibida.

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