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La demanda de damnificados
La gente que ha perdido a sus seres queridos y se ha quedado en la calle tiene todo el derecho de exigir ayuda oportuna y no solo palabras, para mitigar en algo su dolor y su tristeza. Ellos, más que nadie, pueden elevar su voz ante cualquier funcionario, incluido el presidente de la República, para decirle que la ayuda prometida no ha llegado todavía, que tienen sed y hambre. En semejantes circunstancias suena ridículo que la máxima autoridad del país pierda los estribos y amenace con enviar a la cárcel a los damnificados por gritar sus demandas. Para quien lo ha perdido todo, le debe importar un bledo la manida majestad del poder y la absurda amenaza le tendrá sin cuidado.
Hugo Romo Castillo