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El debate ausente
Los nombres son más importantes que las propuestas para los partidos políticos en la campaña electoral de las seccionales de marzo, que lleva largo tiempo instalada en la opinión pública a pesar de que en realidad todavía no ha comenzado de manera oficial. Más que instalada habría que decir desinstalada porque el debate ciudadano gira en torno a los candidatos en cantidad desmesurada de la mayoría de las listas locales o provinciales. Se discute sobre la idoneidad o las motivaciones de personajes famosos, políticos heredados o grandes desconocidos y se ignora en general qué proponen, aunque en el fondo todos prometen lo mismo o similar.
Vaya por delante que la ausencia de debates no significa que esté comprometida la salud democrática. No todas las democracias los celebran y en la mayoría no se hacen de forma institucional. Pero es innegable que la confrontación de ideas entre los candidatos es un instrumento enriquecedor para la deliberación. El problema es que los asesores de campaña saben que un debate es casi imposible que te haga ganar unas elecciones pero es seguro que puede hacer que las pierdas.
En comunicación política percepción es realidad y la información no verbal que el elector obtiene de un enfrentamiento cara a cara entre los candidatos puede resultar decisiva a la hora de escoger la papeleta. De ahí que muchos de los aspirantes prefieran eludir la confrontación directa ante el temor de lo que pueden perder. Sobre todo los mejor situados en los escrutinios; temen dilapidar ese capital acumulado por un error cometido ante sus oponentes. Son preferibles los paseos dirigidos, los mítines para reforzar la adhesión de los convencidos, el enunciado de propuestas sin profundizar y la descalificación del contrario sin examinar. Y si alguno se lanza al debate en los medios lo hará exigiendo tantas reglas que asistiremos a una encorsetada comparecencia generalmente sosa y aburrida. Lo vimos en las últimas presidenciales.
Se hurta de esta manera a los ciudadanos un aporte importante para decidir con más criterio. La irrupción de las redes permite además a los candidatos seleccionar mensajes en función del receptor. El debate queda en segundo plano. Se pasó de moda. Mejor no arriesgarse.