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Cumbre # 2
Queremos la ilusión de un mundo más seguro. Así que en términos generales deberíamos estar haciendo fuerzas desde acá para que en Vietnam el resultado sea positivo. Que la Cumbre Estados Unidos-Corea del Norte desemboque en paz. Suena irreal la posibilidad de acercarnos a tiempos donde la “guerra nuclear” no sea una amenaza. Para que eso funcione hay puntos que deben entrar en la agenda. Y otros que deben quedar en el olvido. No se debe tratar la “democratización” de la República de Corea. Puede que sea un gobierno que se burle del concepto de “derechos humanos” y que haga quedar a Venezuela en pañales cuando hablamos de represión. No solo puede ser. Lo es. No importa, Trump tendrá que dejarlo pasar, ignorarlo, si quiere el acuerdo. Y lo quiere. No puede haberse movilizado a Vietnam y regresar con las manos vacías. No puede quedarse sin el título honorífico del presidente-que-terminó-con-el-conflicto. Lo ignorará porque (gracias a ese programa nuclear coreano) no hay mayor espacio para la imposición. Se reunieron para negociar, y ceder. Tampoco nos conviene que el régimen de Kim Jong-un caiga. Pensémoslo bien: una revuelta, derrocamiento del líder, vacío de poder, y ¿quién sube? Si el gobierno colapsa, ¿quién ocuparía ese lugar? No lo sabemos. Y considerando que el país tiene armas nucleares de largo alcance, es mejor no saberlo. Más vale malo conocido. Otro punto que no puede entrar es una cláusula donde se exija a Corea “la desnuclearización”, entendida como un abandono total de sus armas. En ese momento, de la mesa se paran. El régimen sabe que en esas armas se fundamenta su supervivencia. Incluso puertas adentro. ¿Quién querría iniciar una revuelta cuando las consecuencias pueden ser de tal alcance? Entonces: ni democracia, ni entrega de arsenal. ¿Con qué nos quedamos? ¿Con un acuerdo vacío? Probablemente así lo tildarán, pero en estas circunstancias EE. UU. gana si Corea acepta no realizar más pruebas nucleares. Ya con eso “visiblemente” deja de ser una amenaza. No habría acto que escale un conflicto. Ya con eso, tenemos la ficción de paz. Y de ficción en ficción, la realidad.