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Diario Expreso Ecuador

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Cuidarlos... agota

Puede darse el síndrome de burnout parental. Sentir que se acaban las fuerzas, mas no el amor, paciencia y disciplina positiva.

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Érika Alvarado de Bermeo, esposa, madre de seis hijos y psicóloga, experta en temas familiares, considera que laborar en casa puede ser más extenuante que trabajar fuera de ella. Su día inicia a las 05:00, prepara el desayuno, luego junto a su esposo deja a los chicos en la escuela, está media jornada en su consultorio y después se ocupa de las tareas caseras y la formación de sus niños. Pese a que su pareja la ayuda, reconoce que se cansa. Es normal y hay que aceptarlo. “El problema es cuando pensamos en nosotros mismos y vienen ideas que hay que desechar, como ‘Yo tengo que hacerlo todo, nadie me ayuda”. Cuando necesite un descanso, con confianza comuníqueselo a su cónyuge, para que procure un tiempo para que usted repose, mientras él queda a cargo. Puede estar muy fatigada, pero siempre recuerde que ‘amar es servir’ y eso la levantará a seguir con el mismo amor y entusiasmo. Jamás lo perciba como una carga.

‘Padres quemados’

El síndrome de burnout antes se empleaba en el ámbito laboral. Hoy se lo traslada hacia el hogar. Ya no se habla de un trabajador ‘fundido’, sino de un padre o madre de familia desbordada por las labores de educación, cuidado y crianza que tiene con sus hijos. Quienes tienden a agotarse son progenitores con poca confianza en su capacidad para ejercer su rol. También quienes se sobreexigen a sí mismos y a sus vástagos, los que quieren tener todo bajo control y ser ‘perfectos’.

Estos podrían presentar síntomas como trastornos gastrointestinales, dolores musculares, de cabeza, insomnio, ansiedad, frustración, hipersensibilidad, entre otros.

¿Qué hacer?

- Aceptar que atraviesa una etapa de agotamiento.

- Bajar las exigencias que se han impuesto como padres y las que tienen con sus hijos.

- Revisar su agenda y verificar cómo usa el tiempo.

- Delegar y posponer actividades. No creer que todo lo tiene que hacer solo, o en un horario determinado. De vez en cuando permítase salir de lo planificado, dejar cosas sin realizar, etc.

- Dejar a los chicos encargados con alguien de confianza, sin sentirse culpable por ello, y disfrutar de un tiempo a solas con su pareja. Si es posible, planificar actividades.

- Separar un tiempo semanal para lo realmente importante: tiempo en familia, jugar, conversar, descansar, juntos y sin presiones.

- Buscar ayuda profesional (orientador familiar o psicólogo) si lo requiere.

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