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Crisis de lo humano
Estuve en un retiro del movimiento Comunión y Liberación este fin de semana, por lo tanto desde el arranque pido disculpas por el sesgo de esta columna. Fue en Santo Domingo de los Tsáchilas, y en el camino de regreso mi mente estaba fija en el pensamiento de que los cristianos debimos hacer mucho más en estos pasados diez años, mucho más.
Permitimos creer que el formalismo y la apariencia de los ritos fuese confundido con la esencia de ser cristianos, sin horrorizarnos ante la ausencia de libertades, ante la violencia verbal y física, ante una justicia dependiente, ante persecuciones políticas, ante insolencias, ante la falta de garantías en nuestros derechos individuales, ante el desprecio permanente del otro, ese que piensa diferente a mí. Fuimos insensatos al permitir tal nivel de división impulsado por un dogmatismo político sordo. ¿Cómo nos pasó que las familias no logramos encarnar los valores esenciales del cristianismo?
Parafraseando a TS Eliot en los Coros de la Iglesia me pregunto: ¿le fallamos los cristianos al país, o el país falló a los cristianos? ¿No esperaba la sociedad en general, creyente o no creyente, que los cristianos y la Iglesia de Ecuador, que hemos recorrido un camino centenario, hubiésemos tenido una actitud más crítica y que hayamos aprendido que la naturaleza de la verdad se ejerce a través de la libertad?
Aferrarnos a la defensa de espacios de libertad es esencial en estos días, si queremos construir ese país de convergencia que nos urge. De cómo enfrentemos los próximos días, reconociéndonos como seres humanos en relación, sin miedos, con diálogos, dependerá nuestro futuro. Debemos encontrar en esa lucha por las libertades ese algo que nos permita estar juntos, sin que pensemos el país en reductos excluyentes.
Debemos reconocer que lo que está en crisis no es el país, no es la economía, no es lo social, no es lo político, no es lo ético... es lo humano.
O los cristianos nos comprometemos a cambiar al país, o no servimos para nada. Esto no es un juego, es serio, no podemos dejar la democracia en manos de algunos. Tenemos un gran reto, el ser protagonistas, si no, pasamos por la vida en vano.