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Ni controles ni maquinas ni techo en ‘la canchita’ del sur

Representante. El subdirector técnico del Seguro Social, Fausto Heredia, es quien mantiene reuniones con los jubilados por las quejas.

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Hace tres años se suspendió el gimnasio terapéutico en el cuarto piso del hospital Teodoro Maldonado Carbo. Unos 400 jubilados del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) que se beneficiaban de ese servicio fueron trasladados entonces a un patio junto a la subdirección médica de esa institución, con la promesa de que el lugar se adecuaría de acuerdo con las necesidades; pero hoy, ellos todavía esperan.

No solo fueron privados de su área de actividad. Y esa es la principal queja. En el edificio anterior, además de las terapias de rehabilitación (en máquinas modernas), les llevaban una libreta de control y contaban con un diabetólogo, un dietista y un deportólogo. Hoy, ni siquiera tienen un baño funcional, lo que ha ocasionado accidentes de carácter biológico en algunos de los asistentes, lamenta el psicólogo Walter Rosero, uno de los jubilados denunciantes.

No es que el IESS desconoce el escenario. Se trata de una queja que ha pasado ya por varias instancias y que fue levantada por Patricia Moreno, entonces coordinadora provincial del equipo de trabajo del adulto mayor, quien en un informe expuso su preocupación porque “ese grupo de jubilados no tiene las condiciones de un lugar adecuado que les brinde seguridad, comodidad y adaptabilidad”. Ella fue la primera en solicitar a las autoridades de la entidad el traslado, por considerarlo “una necesidad urgente”, pues el escenario afecta la salud de los adultos mayores por las inclemencias del clima.

Esa declaración consta en el caso que siguió la Defensoría del Pueblo sobre el tema, hace dos años, un documento al que tuvo acceso EXPRESO.

En el archivo, esta entidad, tras una investigación ‘in situ’, concluyó: “El programa se encuentra bastante descuidado. Los jubilados están en un lugar expuesto al polvo”. Y precisó que antes del traslado del 2015, el IESS debió coordinar acciones, pues esa situación puede “ocasionar un deterioro o empeoramiento en la salud de las personas que lo integran”.

En octubre del año pasado, el juez José López Torres aceptó una acción de protección pedida por los afectados y ordenó que se los reubique en un plazo de 30 días a un espacio físico que guarde las condiciones necesarias para la realización de las actividades del programa, con un servicio de óptima calidad. Además, solicitó que no se repita este tipo de hecho. Ellos siguen ahí.

En la Primera Asamblea Ampliada del Programa de Envejecimiento Activo y Saludable, de febrero de este año, el jubilado Hugo Sánchez exteriorizó lo que muchos de sus compañeros sienten: “Nos dejaron a la intemperie, sin piso ni techo. Con la lluvia, nos exponemos a enfermedades y a caídas”. Aquello lo corroboró el jubilado Marcos Idrovo la mañana de ayer a este Diario. “Ha habido accidentes. Ahora ve el piso con cemento. Antes había baches. Ni siquiera el baño sirve a veces”.

En este centro se replica el problema de los instructores que EXPRESO publicó ayer. También tienen cinco meses sin recibir contrato y de doce que eran, solo quedan cuatro que trabajan gratis. Los jubilados los ayudan, a veces, con una colecta de 50 centavos por cabeza.

Cuando Patricia Moreno estuvo al frente, solicitó una inversión de 386.400 dólares para los adultos mayores. Incluía una clínica móvil, equipamiento completo de máquinas y un equipo de 20 profesionales. Algunos se preguntan qué pasó con ese pedido.

Eva Chiriboga, otra integrante del grupo de ‘la canchita’, como llaman al área del sur, cree que el problema radica en que se cambia a las autoridades con frecuencia, lo que impide concretar el traslado a un lugar mejor. Pero aquello tendrá que aclararlo el IESS, que aún tiene a este rotativo en la espera de sus respuestas.

Antecedente: En el gimnasio terapéutico del IESS se atendió durante cuatro años a unos 400 jubilados hasta 2015.

Suspensión: Según declaraciones del entonces presidente Rafael Correa, ese servicio generaba al año un gasto de casi 400 mil dólares.

Realidad: En el lugar hay jubilados con problemas de hipertensión, osteoporosis, entre otras dolencias.

Instructores: Directivos del IESS anunciaron ayer, en una reunión con los jubilados, que en tres semanas habrá respuestas sobre la contratación a los instructores.

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