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Una confesion que erizo la piel del tribunal
Sereno y evocando la escena, Sixto Miranda recordaba cómo acostó a sus hijas de 9 y 5 años y después de varios rezos fue a buscar el cuchillo y, como en un ritual, se los enterró en sus cuerpos, directo al corazón, una a una.

Cada frase erizaba la piel. Sereno y evocando la escena, Sixto Miranda recordaba cómo acostó a sus hijas de 9 y 5 años y después de varios rezos fue a buscar el cuchillo y, como en un ritual, se los enterró en sus cuerpos, directo al corazón, una a una.
Después otro rezo: “Hijas mías ahora sí vayan a casa”. Las arropó y salió. Así fue el momento en que, la noche del domingo 28 de agosto de 2016, el hombre puso fin a la existencia de sus hijas. Un espeluznante hecho que ocurrió en Baños, pero que conmocionó a todo Tungurahua.
La confidencia la hizo frente a los jueces del Tribunal Penal, del fiscal Denis Ocampo, peritos y de su familia que en cada palabra bajaba la cabeza en señal de reproche.
La audiencia de juzgamiento se instaló a las 09:00 del pasado miércoles, en la Unidad Judicial Penal de Ambato. El arrepentimiento del hombre no lo liberó de culpa. En horas de la tarde, el Tribunal Penal ya tenía el veredicto: 34 años y ocho meses de cárcel por el delito de asesinato.
Durante la audiencia, Sixto aseguró que ha pedido perdón a Dios una y otra vez y cree que ya ha sido perdonado. Aquella noche, después del parricidio, el hombre no huyó, sino que se entregó a la Policía.
El fiscal Ocampo le pregunta por qué lo hizo. “Las niñas debían estar en un lugar seguro, lejos de la influencia mía y de su madre”, sostuvo. YIE