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Una ciudad ruidosa
Caminar por el centro de Guayaquil permite descubrir su historia y admirar su arquitectura, siempre y cuando estemos dispuestos a soportar el intenso ruido que tiene. Todo almacén de electrodomésticos se cree en la obligación, y en el derecho, de sacar a la vereda el más grande de sus altoparlantes y poner música a todo volumen. Y no son solo ellos, también lo hacen algunos almacenes y restaurantes que difunden sus productos con micrófonos y parlantes, generando un ruido innecesario.
Se define al ruido como cualquier sensación auditiva que se convierta en desagradable. Pero, ¿cuándo se considera desagradable? Evidentemente depende de los niveles de tolerancia personales. La Organización Mundial de la Salud, sin embargo, establece que un nivel tolerable de ruido no debería sobrepasar los 50 a 60 decibeles durante el día y los 40 durante la noche.
Los niveles de ruido alto afectan directamente a la salud de las personas. Estudios como el de la Agencia Alemana del Medio ambiente han determinado que una población expuesta a un nivel de ruido por encima de los 65 decibeles corre el riego de sufrir a corto plazo a un 20 % más de ataques cardíacos, mientras experimentos de laboratorio han establecido cómo un ambiente con niveles superiores a 110 decibeles, como en los conciertos musicales, discotecas, etc., propicia la aparición y desarrollo de procesos cancerosos.
La fundación contra el ruido, ambientes contaminantes y tabaquismo del Ecuador (Fumcorat) ha establecido que en el centro de Guayaquil, por ejemplo, se sobrepasan fácilmente los 80 decibeles, pudiéndose llegar hasta los 140.
Si bien existe una ordenanza municipal que prohíbe la producción de ruidos en lugares públicos, esta ni se respeta ni se hace respetar. Las fiestas se hacen a todo volumen sin importar molestar a los vecinos, se lanzan cohetes a cualquier hora de la madrugada, sin contar los que abusan de los pitos de los carros y los que intervienen a automóviles y motos para que generen ruido. Las consecuencias: estamos creando una generación de sordos.