Cine América de Roma
Roma. En el año 2014 los jóvenes decidieron sacar el cine a la calle, en una demostración de resistencia.Agencia EFE

El Cine América de Roma, salvado por jóvenes

La sala había sido un punto de referencia en la vida social y cultural del barrio, pero en 1999 cerró sus puertas por un declive

Un grupo de jóvenes ocupó en 2012 el Cine América de Roma para evitar que fuera convertido en un aparcamiento. Ahora, el Consejo de Estado italiano les ha dado la razón, ha salvado la sala y ha zanjado una pugna legal para la que los muchachos, organizados en una fundación, sumaron incluso el apoyo de Hollywood.

“Nuestro objetivo era salvarlo y lo hemos logrado. Esperemos que los propietarios reabran el cine o que lo hagan otros”, celebra en una conversación Valerio Carocci, “uno más” de aquellos muchachos y hoy presidente de la Fundación Piccolo América.

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Esta historia tiene un fascinante tono épico. Sus protagonistas eran jóvenes amantes del séptimo arte que se negaron a que su adorado cine del romano barrio del Trastevere fuera triturado por el insaciable sector inmobiliario.

La sala había sido un punto de referencia en la vida social y cultural del barrio, pero en 1999, tras un lento e inexorable declive, cerró sus puertas para siempre, una víctima más de la crisis que azotó (y azota) las salas italianas.

En 2002 el edificio fue comprado por la compañía Progetto Uno, con la intención de demolerlo y construir apartamentos y un parking en el preciado centro romano. Pero los muchachos se negaron y en 2012 lo ocuparon por completo.

El edificio
Construido en 1950, dejó de funcionar en 1999 y estuvo abandonado hasta el 13 de noviembre de 2012, cuando un grupo de activistas lo tomó.
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Así comenzó una batalla legal que duraría una década y que acaba de zanjarse. El Consejo de Estado, la máxima autoridad en justicia administrativa italiana, ha rechazado el recurso de la constructora: el Cine América no se toca.

La histórica sala cinematográfica, se alega en la sentencia, “es un raro testimonio de la historia y de la cultura de los cincuenta”, cuando Roma era conocida como la Hollywood del Tíber, así como un edificio “único por sus elementos decorativos y su mobiliario”.

En resumidas cuentas, el Cine América de Roma, actualmente en estado de abandono, no podrá ser derribado y los propietarios, los actuales o los venideros, podrán hacer lo que quieran, pero siempre respetando su aspecto y, eso sí, restaurándolo.

Cine América de Roma
Roma. Jóvenes romanos del histórico Cine América lograron evitar la demolición del edificio gracias a una batalla legal de más de diez años.Agencia EFE

“Es una gran victoria para todas las experiencias sociales y culturales y el cine en general, porque se reconoce la importancia de las salas cinematográficas en las ciudades. Es una victoria que protegerá los espacios sociales y culturales”, augura Carocci.

Ahora ha pedido una reunión con la constructora para “valorar acciones” que permitan reabrir el cine.

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La obstinación de estos cinéfilos enseguida cautivó al mundo y logró el apoyo de figuras de la talla de Paolo Sorrentino, Bernardo Bertolucci, Ettore Scola, Roberto Benigni, Paolo Virzì, Wes Anderson, Martin Scorsese o Jim Jarmusch.

La ocupación del América tocó a su fin en el otoño de 2014, dos años después de su inicio, pero mientras enfrentaban la batalla por su salvación en los tribunales, los muchachos se encargaron de que los valores de aquella protesta no murieran.

De este modo decidieron sacar el cine a la calle: primero proyectando grandes clásicos en los muros de Roma y después con exitosas noches de cine al aire libre cada verano en tres plazas, desde la céntrica San Cosimato hasta la periferia.

Fueron iniciativas que suscitaron la ira de una parte de la industria, que los veía como una peligrosa competencia.

Como colofón a su epopeya, en septiembre de 2021, con la pandemia aún coleando, inauguraron en Trastévere su flamante sala propia, el Cine Troisi, un ambicioso espacio abierto las 24 horas del día con bar, biblioteca y sala de proyección con los últimos estrenos.

2002
Año en el que
el edificio fue comprado por la compañía Progetto Uno, con el fin de construir un edificio y una zona de parqueo.

Y volvieron a triunfar, pues el Troisi, siempre lleno y animado, ha sido galardonado con el premio Billete de Oro, por haber sido el año pasado la sala con más espectadores del país: más de 60.000.

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La popularidad de los chicos y chicas que se conocieron en el América no hizo más que aumentar y es posible reconocerlos por Roma por las camisetas granates que lucen desde entonces, como una especie de símbolo o de militancia que también les valió agresiones de la ultraderecha (Carocci tuvo que vivir con escolta).

Pero mientras crecían, mientras acogían a miles de personas en sus noches de cine bajo las estrellas, reformaban el Troisi o estudiaban su programación, el destino y la batalla legal por el América, el cine que los unió, siempre estuvo en sus cabezas.

“La sentencia del Consejo de Estado nos ha dado una enorme sensación de posibilidad. Han pasado 11 años, hemos abierto nuestra propia sala, pero lo hemos vivido como en suspenso porque aún había una batalla madre que no sabíamos sin ganaríamos”, confiesa Carocci.

Ahora finalmente podrán disfrutar de sus éxitos porque nadie podrá derribar el Cine América, ni todo lo que representa, por supuesto.

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En 2017, el director iraní Asghar Farhadi no fue a recoger el Óscar al mejor filme de habla no inglesa por ‘El viajante’ como protesta contra Donald Trump y proyectó su película en la plaza San Cosimato.

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“La acción de estos chicos puede servir como ejemplo para salvar los cines de todos los países. Su resistencia tiene un valor mundial”, destaca. Algo que no le parece nada exagerado al director Paolo Virzì, que apoya esta batalla desde sus primeros estallidos. “Quedé admirado porque no se trata de personas del sector que reivindican algo para sí. El séptimo arte solo es el medio que eligieron para mejorar la calidad de vida de una comunidad”, reflexiona.

Esta aventura siguió entre las paredes del cine Troisi en cuanto se desbloquearon los permisos. En la entrada, Valerio y sus colegas tuvieron previsto colgar un gran cartel de la película ‘Érase una vez en América’, de Sergio Leone. Porque será el principio de una nueva historia. Sin olvidar su pasado. El País