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Cheques sin fondos

Cualquier promesa del populismo es vacía si la chequera está sobregirada. Está sobregirada. ¡Y los cheques no tienen fondos!
El régimen monetario de la dolarización funciona, precisamente, porque el Banco Central no puede emitir moneda de curso legal. Es el “firewall” que ha permitido mantener la economía libre de la virulenta contaminación causada por el uso indiscriminado de la maquinita de hacer dinero; maquinita que, al usarla liberalmente en el pasado, condujo al país a la ruina.
La dolarización es igual en concepto a una chequera o libreta de ahorro. El saldo crece cuando se depositan fondos y baja cuando se retiran. Al bajar los saldos desaparece el circulante y eventualmente colapsa el sistema. Es la suerte que corre la dolarización si se cumple el mantra de que “vienen por más”.
El Estado fiscalmente desalmado gasta alrededor de $3.000 millones mensuales, pero solo percibe $1.400 millones. Por ello se ha vuelto recurrente la noticia de que el gobierno accede todos los meses al Banco Central a cambio de emitir papelitos; y lo propio hace con el IESS, que luego de agotar su liquidez anuncia tomará recursos de su patrimonio para servir las pensiones (a no dudarlo, la fórmula más certera de quebrar a la institución).
El grado de ineptitud que se ha exhibido en el manejo económico es paradigmático. Los defensores de los préstamos del Banco Central argumentan que este es ahora un banco más, y por lo tanto puede disponer de los recursos de terceros para prestarle a su único cliente -el Gobierno nacional.
El problema con el peregrino argumento es que hay fondos destinados a gastos de capital que están siendo malversados para pagar sueldos, salarios e intereses. Hay dinero de los depositantes de los bancos que, de saber que su dinero está siendo expuesto de tal forma, echarían el grito al cielo. Hay también depósitos del mismo Gobierno, que se los pretende usar aplicando conceptos, esos sí, de mecánica cuántica y hacerlos aparecer en dos cuentas a la vez. Si cualquier banquero privado ejecutara tales prácticas la Superintendencia de Bancos lo mandaría con sus huesos a la cárcel. Pero es la dictadura, entonces todo está bien.
Ecuador debería aprender de Bolivia que, observando disciplina fiscal y un apto manejo monetario, puede emitir bonos a menos de la mitad del costo que los que emite el Gobierno nacional, y reestructura desde ya el servicio de sus pasivos. Es prueba de que ser socialista no necesariamente significa ser inepto; solo basta entender y aceptar que el manejo de la hacienda pública, socialista o no, se sujeta a las leyes del mercado.
El Gobierno alcanza, a duras penas, a cubrir el gasto corriente. Todo el resto viene de la deuda interna y externa que sube como la espuma, y que sirve para mantener el espejismo de normalidad. Entretanto, la dolarización se va por el caño. El candidato oficial promete restaurar el equilibrio con buen humor y, bailando en dos pistas: unos días promete mantener en firme “todo lo logrado” para, luego de darse cuenta del muro contra el que se va a pegar, empezar a copiar los argumentos de la oposición.
¡O témpore, o mores! Se acabó el festín.
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