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Casa de Narino (II)
Entonces, ¿Duque o Petro? ¿Cuál de los dos candidatos en cuestiones de seguridad, nos conviene? Empiezo el análisis con Duque, considerando que, hasta el momento, encabeza las encuestas. Mano dura. Entre sus propuestas de campaña está reestructurar el Acuerdo de Paz (eliminarlo no, ya que por reforma constitucional los siguientes tres gobiernos colombianos están obligados a cumplirlo) y terminar el diálogo con el ELN. Sobre el Acuerdo de Paz, busca congelar la financiación de programas clave, quitarle a las FARC los diez puestos que tiene en el Senado y en la Cámara de Representantes y “dárselos a las víctimas”. Los excombatientes no estarán contentos. Las promesas por las que se rindieron y entregaron las armas no fueron cumplidas. Que no nos sorprenda que nuevas facciones descontentas vuelvan a la guerrilla y por tanto al narcotráfico. Si eso ocurre tendremos más preocupaciones en la frontera. Sobre el ELN: “si el ELN quiere reinserción, que suspenda los actos criminales y puede haber tal vez, reducción de penas, pero no ausencia de ellas, y si no lo acepta, lo perseguiremos con toda la fuerza del Estado”. Ante tal motivación, imagino que optarán por quedarse en el millonario mundo del narcotráfico. Más problemas en la frontera. ¿La mano dura de Duque servirá de algo? En la guerra contra las drogas pocas veces la violencia ha traído los resultados esperados. Podríamos esperar incluso que, huyendo de la mano dura, terminen traspasando fronteras. ¿Con Petro estaremos mejor? Tengamos claro que ante un negocio que genera ganancias, el espacio que abandona uno, lo toma otro. Con la salida de las FARC, los cárteles mexicanos reforzaron sus vínculos con bandas emergentes, a las que financiaron para que hicieran el trabajo. Mientras nosotros busquemos interrumpir el proceso de entrega de la mercancía, estaremos en problemas. Quizá menos que en el primer escenario, pero en problemas igualmente. Como dijo Santos, el narcotráfico es la principal amenaza para la paz. Y con el principal productor de coca arriba nuestro, termina siendo indiferente quién sea el nuevo morador de la Casa de Nariño.