Actualidad
El largo camino de Correa
Suele decirse que en Ecuador han dominado determinadas corrientes políticas o personas por largos años y la afirmación parece confirmarse si se sabe que el fundador de la república ecuatoriana, el venezolano general Flores, mantuvo el poder por quince años. Y si bien no le hizo heredar directamente a su vástago, el doctor Flores Jijón, la influencia paterna es evidente en este caso. Pero no es el único. También hay eras en la presencia de García Moreno, en la de Alfaro, en la de Velasco Ibarra, y un intento de configurar una de las más grandes, con la presidencia de Rafael Correa y sus tres gobiernos, nacidos del sufragio popular, pero siempre con su candidato en calidad de oficialista. Las permanencias largas en el poder producen cierto sentimiento de propiedad en sus beneficiarios y causan graves reacciones populares en su contra. El caso de Correa es sintomático. Nacida su candidatura victoriosa por la primera vez con el concurso de las fuerzas organizadas en la educación, con una UNE militante, y en el aspecto electoral con un siempre batallador sector que constituyó el MPD, además de una buena parte de los estudiantes universitarios, organizados en la célebre FEUE, a todos los cuales perseguirá y llamará después tirapiedras, Correa logra introducirse en el poder, aprovechando dos circunstancias de carácter político: la crisis de los partidos políticos, y un adversario que deja mucho qué desear y que pierde la elección a pesar de haber ganado la primera vuelta con trescientos mil votos, contando con el trasvase de los votos socialcristianos. Luego el presidente cesante optaría por otras dos postulaciones, siempre desde el poder, cuyos recursos le sirven para lograr sus victorias electorales de las que hace una especie de mito dorado, cuando afirma reiteradamente que nunca ha perdido una elección, lo cual no es verdad, como muchas de sus afirmaciones o negaciones, pues perdió la primera vuelta en su inicial carrera por el poder. Después de diez años de haber contado con los recursos públicos, con un extraordinario ingreso de más $ 360 mil millones, su era llega a su término, pero no a su fin, porque en el año 21 se pondría en vigencia la reelección indefinida, que es como un anillo al dedo para Correa, siempre tan irrespetuoso de la imparcialidad del poder público en las confrontaciones electorales. Para entonces, si no aparece un líder de contextura nacional, las reelecciones de Correa podrían estar predeterminadas y aunque es grave mantenerse en el poder sin una absoluta legitimidad, eso no le importa a él, que ha dejado la presidencia en medio de sollozos.