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Baile, comida y diversion en el festival de la calle Cordova

El olor a comida variada, la música a alto volumen y la algarabía de cientos de personas de diferentes sectores de la ciudad llenaron ayer de alegría y sabor una cuadra de la calle Córdova, desde Mendiburu hasta Tomás Martínez.

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El olor a comida variada, la música a alto volumen y la algarabía de cientos de personas de diferentes sectores de la ciudad llenaron ayer de alegría y sabor una cuadra de la calle Córdova, desde Mendiburu hasta Tomás Martínez.

Desde la mañana, la cuadra de este sector céntrico de la ciudad se cerró para dar paso al Festival de la Calle Córdova, la primera Feria Intercultural y Gastronómica de la ciudad, organizado por Miriam Herrera y su esposo Freddy Girón, propietarios de la picantería La Culata, ubicada en la zona.

Allí se levantó un veintena de stands donde se prepararon y ofertaron empanadas, bolones, corviches, bollos de pescado, seco de gallina, arroz con menestra y carne, chuzos, bebidas tradicionales, mariscos, dulces y otros platos elaborados con recetas de antaño que costaron entre $ 1,50 y $ 5.

A la altura de Mendiburu se levantó una tarima para las presentaciones de artistas, quienes interpretaron diferentes géneros musicales y pusieron a bailar a los cientos de asistentes.

María Ordóñez y su esposo, Carlos Fajardo, que llegaron de Bastión Popular, se pararon de sus asientos y pasaron a la pista de baile.

Lo mismo hizo Cristina Acosta, quien bailó con su hijo de 10 años un merengue interpretado por la cantante guayaquileña Mayra Rubio.

El público los aplaudió y tarareó cada una de las piezas musicales que se entonaron durante la jornada.

“Leí en los periódicos sobre este festival y decidí venir a divertirme”, dijo Marlene Suárez, quien habita en Sauces V.

La música rocolera tuvo su espacio en la tarima y vino de la voz de Luis Oswaldo Figueroa, quien interpretó las melodías del cantante Chugo Tobar, quien está delicado de salud, pero estuvo presente en el evento en el que se le rindió un homenaje.

A medida que pasaron las horas, la calle recibía más público y el ambiente se ponía más alegre con las interpretaciones de jóvenes cantantes que interpretaron rock, salsa y bachata. Los pasillos, pasacalles y valses estuvieron representados por cantores populares.

Herrera dijo que este primer festival se realiza para rendir homenaje a la ciudad y para que los guayaquileños se diviertan y fraternicen.

Los juegos de palo ensebado y el concurso de ensacados cerraron el festival que empezó a las 10:00 y se extendió pasadas las 19:00. “Ojalá que esto se repita en otras festividades”, manifestó Carlos Beltrán, quien vive en Urdenor, pero ayer fue parte de la calle Córdova.

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