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Diario Expreso Ecuador

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Avanza Patria la propaganda

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No se puede estar seguro de que los revolucionarios de escritorio burocrático cultiven verdaderamente uno de los sentimientos más nobles y entrañables, que es el amor a la patria, y no sustituyan su imagen por la efigie de un caudillo o por eslóganes que más tienen el carácter de propagandísticos que de ese sentimiento auténtico. La patria ecuatoriana comienza desde la protohistoria con la tragedia de Atahualpa y de Rumiñahui, defensor heroico de Quito; se prolonga con la búsqueda del país de la canela por unos cuantos conquistadores españoles, con la intervención de cuatro mil aborígenes que van marcando el camino con sus huesos, hasta llegar al Río Mar, descubierto por el capitán Orellana, hecho que confiere a nuestra patria el título irreversible de esa inmensa corriente de agua. Luego se prolonga con luchas populares contra alcabalas y estancos, y andando el tiempo con el grito libertario de agosto, camuflado como respaldo al monarca español, prisionero del conquistador Bonaparte, para desembocar en el martirio de los próceres quiteños en el cuartel real de Lima, que priva a nuestro país de la conducción de una élite, cuya falta pesará en nuestro destino. Ya en el proceso de las luchas libertarias, el 9 de Octubre de 1820 es la victoria a pecho descubierto de los patriotas guayaquileños, que marcará el tránsito a Pichincha, atravesando duras derrotas y rehaciéndose con valor y pundonor para contribuir con sangre y sacrificio a la libertad plena. Vendrá, casi a renglón seguido, la instauración de la República, en la que una política cerrada y sectaria impedirá que un estadista de la talla del guayaquileño Olmedo inaugure dicha etapa, tan llena de sobresaltos, de reacciones populares en contra de caudillejos, de entrega del país a un militarismo extranjero que preside el Gral. Juan José Flores, durante quince largos años, hasta la Revolución de marzo, que acaba con ese militarismo, aunque se instauran otros que dan paso a los caudillismos, a pesar de que nunca, hasta nuestros días, se llega al endiosamiento de un mandatario que afirma que ya no es un individuo, sino un colectivo llamado pueblo; es decir, el titular de todos los derechos y prerrogativas. A este país le arrebatan la mitad de su heredad territorial, sin reacción y hasta con un aplauso carente de valor y dignidad y, lamentablemente, lo desgobiernan al punto extremo de que parece poseído por el síndrome de Estocolmo. A muy grandes rasgos, esta es la historia, triste, heroica, sometida, de un pueblo al que tratan de quitarle su verdadera identidad.

haroc@granasa.com.ec

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