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Anticipo revolucionario
El modelo revolucionario de cálculo del anticipo de impuesto a la renta que hoy se granjea el escrutinio público es ejemplo de antitécnica decisión política. No es tan escrutada en cambio su permanente reforma o la parte del modelo que permite al presidente exonerar su pago durante un año fiscal, a quien cumpla algún criterio.
Una veintena de personas en representaciones sectoriales recibieron el beneficio hasta 2016. El agro se llevó la mitad. Los tiempos fueron curiosos: brócoli recibió la exoneración en 9 días (2013) y palma en 6 meses (2014); cacao, café y palma la han recibido 2 veces. Hidrocarburos fue bien atendido pues se hizo acreedor a una reforma que dio jerarquía legal a su excepcionalidad a escasos meses de haberla recibido primero, vía decreto presidencial.
A nivel legal, la fórmula revolucionaria del anticipo al impuesto a la renta se ha reformado media decena de veces en menos de una década, probando su escasa eficiencia administrativa. La variedad y excepcionalidad de procederes y las sucesivas reformas son indicativas de poca rigurosidad administrativa, fuente de todo tipo de males.
Tal vez el impuesto es tan malo como instrumento de política que tiene que ser perforado y reformado decenas de veces. Tal vez la proliferación de excepciones se volvió atractiva para alguien. El anticipo se ha mostrado indeseable para muchas personas que hoy reclaman su eliminación.
Además del argumento esgrimido por los agentes económicos que se ven perjudicados en el crecimiento de sus negocios, existen también argumentos de orden constitucional, legal y político que justifican su crítica. La escasa evaluación, ninguna transparencia, el trato diferenciado, o la necesidad de dedicar un tan gran esfuerzo social, político y burocrático en un instrumento político ineficiente es costoso para todos.
Saquemos un aprendizaje, que incluya los múltiples impactos sociales de la ineficiencia normativa y burocrática de un instrumento de política pública que ha mostrado sus limitaciones.