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Un alegre “divertimento”
Al menos, a mí me resultó divertido, con altas dosis de humor. Siempre he sostenido que es bueno trabajar en serio, sin tomarse en serio.
Me parece un tanto fuera de foco, especialmente en estos días, tomar en serio a la política, cuando efectivamente luce bastante desenfocada, en lo nacional y en el mundo. En cualquier caso, dar examen sobre sí mismo resulta normalmente grato cuando se tiene la conciencia tranquila.
¿Es posible tener la conciencia tranquila luego de más de medio siglo de actividad política? Por supuesto, mientras más años transcurridos, resulta más fácil, dado que uno va perdiendo la memoria. (De lo malo, malo, nunca nos vamos a olvidar.)
Otra buena concesión del tiempo es ir perdiendo la noción de “enemigo” y, mejor todavía, en razón de que se busca reciprocidad: llegar a la posibilidad de dirigirle un piropo a quien se tuvo por perseguidor, violador de los derechos humanos, el ser más reprochable.
Como decía Vivanco, después de todas las “huevadas” dichas, uno queda certificado para poder decir unas cuantas más. Manteniendo una cierta línea de conducta eso sí. Yo jamás podría escribir aquello de: me gusta ser amigo de los ladrones. Sin embargo, otras cosas planteadas por el gran argentino que recién nos dejó (Alberto Cortez), sí podría compartir.
En definitiva, es grato poder estar sin miedo para responder esto o aquello, con pocas preguntas para el sonrojo. Un poco de cinismo, una pizca de agilidad mental y un rico caldo argentino, le devuelven todas sus mejores dotes a una afilada lengua que, creo, mejor es tenerla afilada para punzar antes que afilada para cortar. “Fijate”, hasta se pueden intercambiar reconocimientos respecto a la utilidad de lo que está haciendo.
Ponerle buen humor, humor gozoso a la política, hace que los jóvenes se sientan bien tomándole el pelo a lo cotidiano absurdo y a sí mismos. Ello funciona para catequizar en valores. Y valores nos están haciendo falta a todos.
En fin, yo no quiero hacer de la presente columna un bodrio intelectualoide, solo quiero sustentar por qué me resultó divertida. Pedí buen vino y me lo ofrecieron. Solté la lengua.