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Adultos mayores impagos
Bien se ha dicho que en ocasiones las constituciones son las más caracterizadas obras de realismo mágico de las repúblicas latinoamericanas. Son tantas las cuestiones vitales que consagran como garantías, que el Estado bien podría estar permanentemente demandado por su incumplimiento. Debió haberse escrito en los textos de las constituciones: “El Estado procurará...”, pero la prepotencia de un buen momento en las finanzas públicas determinó que se establezca: “El Estado garantizará...”. Así, el Ecuador garantiza (artículo 37) a los adultos mayores, entre otros, los siguientes derechos: 1) La atención gratuita y especializada de salud, así como el acceso gratuito a las medicinas. 3) La jubilación universal.
¡Cuánto dista la promesa constitucional de la experiencia cotidiana en la vida real! ¡Cuán lejos están los adultos mayores de contar con esos beneficios aunque los garantice el texto constitucional, consagrándolos como derechos!
Se ha repetido mucho que la forma en que un Estado trata a sus ancianos y sus niños dice mucho respecto a cuánto se respetan los derechos humanos en ese Estado. A juzgar por lo que ocurre en el Ecuador, mal puede calificarse a la República en cuanto al respeto que le merecen sus jubilados y así se la continuará calificando, dado que en razón de la crisis fiscal no existen los recursos monetarios requeridos para satisfacer las obligaciones contraídas.
Es lamentable reseñar que muchos de esos ancianos, maestros entre ellos, han muerto sin poder acceder al disfrute de esos merecidos haberes.
Cuando se conoce que, al menos transitoriamente, se ha incrementado el precio del crudo, un porcentaje de ese aumento debería dedicarse a saldar la deuda que se mantiene con nuestros ancianos o sus deudos.
Reconociendo el esfuerzo hasta ahora cumplido para cancelarla durante el actual gobierno, cabe insistir en que se proceda a honrarla, teniendo claro que el problema es una de las pesadas herencias del régimen anterior. No es admisible que ciudadanos que dedicaron su vida al servicio del Estado hoy la vean apagarse con la sensación de que ese mismo Estado, al que dieron sus mejores años, les niega la posibilidad de vivirlos con la dignidad que el trabajo realizado debería garantizarles.
Expreso hace llegar su plena solidaridad a los 25.000 jubilados impagos.