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Un 65 % de Guayaquil se asienta sobre tierras arcillosas
La importancia del estudio de suelos depende del tipo de proyecto a realizarse y de la magnitud de este; con los resultados que arroje el estudio se puede tomar decisiones del tipo de cimentación a utilizar y hasta qué profundidad se debe cimentar.

Allí donde alguna vez hubo manglares, esteros y hoy se levantan viviendas y grandes edificios, está Guayaquil. Que el centro y el sur de la urbe se asientan sobre suelos compuestos de arcilla, limo y arena hoy no es un secreto para nadie, como tampoco lo es que estos sitios no son ideales para construir, a menos, claro, que se aplique una buena cimentación.
Geólogos locales aseguran que hay sectores bajo los cuales se ha hallado capas o estratos de material arcilloso y sedimentario, que llegan a 30, 40 y hasta 100 metros de profundidad. Estar situada en una zona de estuario, es la causa.
Stalin Benítez, ingeniero geólogo, con un doctorado en la materia, precisa que la urbe está asentada sobre tres dominios geomorfológicos (DG) y que el que realmente preocupa es el que comprende desde los cerros El Carmen y Santa Ana hacia el sur y suroeste, e incluye áreas hasta donde llega el estero Salado, como Urdesa.
La “Investigación y estudio del comportamiento dinámico del subsuelo y microzonificación sísmica de Guayaquil”, en la que participó este técnico junto con el también especialista Xavier Vera en 2005, denomina a esta zona como ‘Llanura estuarina deltaica’, “porque todas las islas que quedan al sur han sido depositadas por el Guayas, en la desembocadura, lo cual forma un típico delta”, dice Benítez, quien estima que un 65 % de la urbe se asienta sobre este tipo de suelos.
El segundo DG está en la cuenca del Guayas, hacia el noreste, es decir desde La Atarazana, sigue el borde oeste del Daule y toda La Puntilla, hasta Pascuales. La tercera zona está por la Cordillera Chongón-Colonche, que son lomas que tienen rocas de mayor dureza en el subsuelo y son buenas para cualquier tipo de cimentación de estructuras.
¿Debe preocupar la calidad del subsuelo frente a futuros terremotos, como el que acaba de azotar a Manabí y Esmeraldas? El ingeniero calculista Walter Mera dice que sí, por cuanto, en el caso de los suelos arenosos, saturados, estos amplifican las ondas sísmicas. En caso de terremotos estas tierras pueden entrar en un estado de licuefacción, es decir, con el movimiento pueden llegar a licuarse.
El ingeniero geólogo, Richard Vera, quien es el vicepresidente del gremio regional de estos profesionales, sostiene que por la suma de ambas condiciones (suelos blandos y mala cimentación) en Guayaquil se han dado muchos casos de edificios hundidos, ladeados. “A veces se dan casos en que hay compactación diferencial, de un lado el suelo se compacta más que de otro”, explica.
Pero a José Núñez, un constructor con 45 años de trayectoria y que hoy asesora al Municipio de Guayaquil en temas de ordenamiento territorial y urbanismo, la blandura del suelo no le preocupa mucho. “Con pilotes se puede construir hasta en el mar”, dice mientras señala el centenario palacio Municipal, un edificio de 4 pisos construido junto al Guayas en una época en la que la cimentación consistía en poner grandes rocas bajo la estructura.
Con él coincide Gonzalo Hurtado, un ingeniero civil retirado, quien tiene a su haber la cimentación del centro comercial San Marino, la nueva Maternidad y la construcción de edificios de más de medio siglo como el Centro Cívico, el cine Presidente, “y muchos otros que no sufrieron un rasguño” con el sismo de 7,8 grados”.
Excepto zonas como Sauces, Alborada, Pascuales, todo el noroeste y el sector de la vía a la costa, donde hay suelos de origen rocoso, el resto de la ciudad y la vecina La Puntilla (Samborondón) requieren necesariamente de un buen pilotaje a la hora de construir edificios altos.
“El problema de edificar en Guayaquil es que hay que hacer muchos estudios de suelo -recalca Hurtado- que le digan al constructor y al dueño de la obra a qué profundidad es floja la tierra y a qué profundidad está más dura para recién allí empezar a clavar pilotes”.