
24 mil kilometros de aventura
Emprendió su viaje el 1 de noviembre pasado. Salió de Puebla, una de las 32 entidades federativas de México, con apenas una mochila y decenas de cámaras fotográficas. Su finalidad era recorrer 24.000 kilómetros por medios terrestres y acuáticos, a lo l
Emprendió su viaje el 1 de noviembre pasado. Salió de Puebla, una de las 32 entidades federativas de México, con apenas una mochila y decenas de cámaras fotográficas. Su finalidad era recorrer 24.000 kilómetros por medios terrestres y acuáticos, a lo largo de 15 países de América Central y del Sur. Su anhelo, convertirse en el primer mexicano en navegar el río más largo del mundo, el Amazonas.
José Eguibar, biólogo y activista está hoy a la mitad del camino. Ya pasó por Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia. Ya cruzó fronteras, visitó colonias, habló con nativos y estudió un sinnúmero de bosques, selvas y especies en peligro de extinción.
Actualmente está en Guayaquil. Y en su paso por la ciudad le concedió a EXPRESO una entrevista especial para contar detalles de su peregrinaje, tan vibrantes como el hecho de haber convivido con jaguares, tigrillos, cocodrilos y todo tipo de fieras salvajes; o tan extraordinarios como el haber palpado a esa subespecie de la guacamaya -la Ara ambiguus guayaquilensis- endémica de la zona costera del Ecuador y de la que ya quedan pocas, tan solo 100, en el planeta.
“Haber conocido este ejemplar cumple otro de los fines de mi viaje”, precisa, “y es que estoy aquí para mostrarle al mundo los atractivos naturales que tiene. Estoy aquí para documentar el estado actual y real de nuestras selvas”, agrega.
Eguibar, de 30 años, lleva 75 días viajando en bus, a dedo o en lancha. Lo acompañan su celular, una laptop, dos pantalones y tres camisetas. En su ruta ha conocido gratas personas: miembros de fundaciones que dedican su vida a la preservación de flora y fauna y han sido sus guías en cada una de las tierras que ha pisado. Y activistas, como aquella hondureña que asesinaron en su país natal 15 días antes de que la conociera, y de la que (por seguridad) prefiere no decir su nombre.
Él reconoce que su pérdida ha sido hasta el momento, una de las situaciones más escalofriantes que en el trayecto ha vivido. La mujer se oponía a la creación de una represa en un lugar en el que viven cientos de especies. Desconoce si ese fue el motivo del hecho. “Aún así, es algo que nos pone a pensar”.
Los volcanes Cotopaxi y Chimborazo, además de La Lobería (refugio de lobos marinos, pelícanos, albatros, piqueros y fragatas) en Santa Elena, constan entre los otros puntos que aquí ha visitado.
La próxima semana estará en Perú. Allí empezará lo fuerte, el inicio de su travesía por el caudaloso afluente que transporta la quinta parte del agua fluvial del globo y alberga 1.000 especies de peces.
Son 7.100 kilómetros los que remontará en un lapso de dos meses y medio. Ya tiene trazada la ruta. ‘Navegará’ por Perú, Colombia y Brasil”. Saldrá por la Quebrada de Apacheta, en un glaciar subterráneo donde se inicia el Amazonas y desembocará en el océano Atlántico, a la altura de Macapá, territorio carioca.
Eguibar, quien ha cubierto sus gastos con fondos propios y el apoyo de oenegés que lo siguen en las redes sociales (a través de su cuenta Destini-conservation), prevé estar de regreso a mediados de año. Su retorno lo hará por la Guyana Francesa, Surinam, Venezuela... Y de la misma forma, por agua o tierra. “Esa es la única forma de percibir los delitos ambientales de crear conciencia y llamar la atención de la gente”.
El material recopilado, según lo previsto, lo mostrará luego en un “gran documental” o en programas locales e internacionales como Discovery Channel.