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Diario Expreso Ecuador

El chico con un peluche

El aumento de la violencia juvenil revela una crisis profunda donde adolescentes son víctimas y victimarios, en medio de una preocupante normalización social

La participación de menores en hechos violentos evidencia una crisis social que exige respuestas urgentes.

La participación de menores en hechos violentos evidencia una crisis social que exige respuestas urgentes.CANVA

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Tenían quince y dieciséis años, o catorce y quince, ni en eso se ponen de acuerdo los partes. Lo que sí se sabe es que esperaron. Que alguien eligió el ramo, eligió el peluche, eligió la hora en que llegan los vuelos y eligió a dos que todavía no tienen edad para que la condena pese como en un adulto. La frialdad de ese cálculo no estaba en el aeropuerto. Estaba antes, en quien hizo las cuentas.

Adolescentes entre víctimas y victimarios del crimen

El antropólogo Richard Wrangham distingue dos violencias que no se parecen. Una estalla y se arrepiente, es el arrebato. La otra se prepara con tiempo, con la cabeza fría. La evolución nos fue quitando la primera y nos dejó intacta la segunda. Nos volvimos mansos en la pelea de bar y temibles en la que se planea. Un ramo comprado para esconder un arma pertenece a la segunda clase, no a la primera.

El hombre que esperaban tenía expediente. Volvía al país, como quien ya no teme a la ley porque sabe que lo suelta. No era un inocente. Y por eso, cuando cayó, muchos sintieron algo parecido al alivio. Mejor así, escuché decir por la calle, por las oficinas; mejor que se maten entre ellos. La frase es vieja y es cómoda. Supone que hay un ellos, una sangre que no nos salpica. Pero los que dispararon tenían quince años y antes de ser ellos fueron de los nuestros.

Hay una cifra que el país sí lleva con cuidado. En el primer trimestre de este año, un adolescente fue asesinado cada catorce horas en Ecuador, la mayoría en Guayas. A estos chicos los cuentan cuando mueren. Lo que casi no se cuenta es lo otro, que el mismo grupo que más muere es también el que dispara. Han sido autores materiales de atentados contra fiscales y policías. El que dispara y el que muere salieron de la misma fila.

La peligrosa normalización de la violencia en la sociedad

El aeropuerto reanudó esa misma noche. Lo perturbador no es la rapidez, es que tengamos con qué. Que después de ver a un adolescente matar con un peluche, el cuerpo social tenga el órgano para asimilar lo inasimilable y seguir. Podemos convivir con el horror porque evolucionamos para convivir con casi todo. Un sistema que no responde y lo damos por hecho. Y nosotros, que para vivir en él aprendimos a no resistir. Y eso es lo que no voy a firmar.

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