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Diario Expreso Ecuador

Un mundial que la IA no puede jugar

Pero en un estadio lleno, cuando el balón entra en el arco y miles de personas se abrazan con desconocidos, la IA no está presente

Que empiece el mundial y que Ecuador nos de una alegría humana.

Que empiece el mundial y que Ecuador nos de una alegría humana.canva

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Hace tres años el mundo tecnológico se sorprendió por la renuncia a Google de Geoffrey Hinton, uno de los padres de la IA, quien argumentó que tomó esa decisión para hablar libremente sobre los riesgos de su propia criatura.

Y su preocupación más profunda no era tecnológica sino filosófica, pues aseguraba que la IA, por su capacidad de crear imágenes y textos falsos tan convincentes, haría que la gente ya no pueda saber qué es verdad. Estábamos ante una potencial crisis de la humanidad donde solo los valores de bondad, belleza y verdad debían ser potenciados como respuesta.

La belleza como límite de la inteligencia artificial

En estos días, la visita del Papa León a España ha marcado un punto de inflexión sobre el anhelo de la sociedad por buscar una respuesta espiritual a los desafíos de la actualidad. En el Movistar Arena de Madrid, ante representantes del mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte, el Sumo Pontífice lanzó una advertencia: “nuestra sociedad posee una extraordinaria capacidad para producir, innovar y comunicar. Sin embargo, parece que todavía necesitamos aprender a custodiar el alma de aquello que genera”. El riesgo real de la IA es producir sin alma, innovar sin sentido o comunicar sin verdad.

Ya muchos han analizado a profundidad la encíclica Magnifica Humanitas, con la que el Pontífice propone una arquitectura espiritual basada en la dignidad humana. Y por eso el discurso al que me refiero refuta la pretensión totalitaria de la IA, con tres argumentos. El primero, la belleza: “En este hermoso país es imposible no admirar la huella de creatividad que atraviesa su historia”, dijo León XIV. Y es que la belleza no se optimiza o no se escala.

El segundo: la bondad. La IA puede ser crítica en apariencia, incluso humilde en su tono. Pero no puede ser bondadosa. La bondad requiere voluntad de bien o la decisión de no dañar algo “bello”. Los algoritmos no tienen aversión a la maldad, tienen funciones de pérdida. Esa diferencia es infinita.

Y el tercer argumento: la verdad. Lo que era exactamente la preocupación de Hinton en 2023, sigue siendo la herida abierta de la actualidad. Por eso, León XIV fue directo: “no se debe renunciar a la verdad”.

Entonces llega el fútbol. Y yo me pregunto, con el Mundial inaugurándose esta semana: ¿en qué afecta la IA a un estadio lleno? ¿Qué algoritmo puede replicar el grito colectivo de un gol? ¿Qué modelo puede procesar la mezcla de orgullo, historia y esperanza que siente un ecuatoriano cuando su selección sale a la cancha, por ejemplo?

El propio León XIV fue enfático en Madrid: “pensemos cuántos de nosotros aprendimos el respeto por el adversario en un campo de juego más que escuchando un discurso”. La IA puede optimizar pases, predecir lesiones, calcular el ángulo de un remate. Pero no puede querer ganar o no puede querer levantarse después de caer.

La IA puede ganar en ajedrez, en diagnóstico estructural y en derecho corporativo. Pero en un estadio lleno, cuando el balón entra en el arco y miles de personas se abrazan con desconocidos, la IA no está presente. Ese momento, que es bello, bondadoso y verdadero, le pertenece al ser humano. Y hay que defenderlo siempre. Que empiece el mundial y que Ecuador nos de una alegría humana.

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