SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Estafas por doquier

El problema es que no todo incumplimiento es un delito (estafa), por más frustrante, injusto o económicamente doloroso que resulte

La denuncia se convierte en una forma de presión; no para perseguir un delito, sino para obligar a la otra parte a pagar, negociar o cumplir un contrato.

La denuncia se convierte en una forma de presión; no para perseguir un delito, sino para obligar a la otra parte a pagar, negociar o cumplir un contrato.canva

Creado:

Actualizado:

Hay una palabra muy trillada en el lenguaje jurídico ecuatoriano: estafa. Como en varias materias se desnaturalizan acciones, en lo penal pasa lo propio, pues basta que un negocio salga mal o que una deuda no se pague para que alguien anuncie inmediatamente que fue víctima de una estafa y lo denuncien ante la Fiscalía. El problema es que no todo incumplimiento es un delito, por más frustrante, injusto o económicamente doloroso que resulte.

Lo he visto incontables veces, por ejemplo: una persona presta dinero a un amigo y este no le paga… estafa. Alguien vende un vehículo y aparecen problemas mecánicos… estafa. Un contratista incumple plazos… estafa. Y, ¿saben lo peor? Hay quienes se prestan para esto. Les roban a los clientes y malgastan recursos públicos.

Esto ocurre porque la vía penal produce una sensación de justicia más severa, porque la idea de que intervenga la Fiscalía transmite la impresión de que así se tiene que resolver todo; en cambio, los conflictos contractuales suelen ser lentos y, para muchos, desesperantemente aburridos. Seamos realistas: nadie quiere escuchar que su problema debe resolverse mediante una demanda civil cuando siente que ha perdido dinero.

No todo incumplimiento es estafa

Una de las diferencias más importantes consiste en distinguir entre quien desde el principio engañó para obtener un beneficio patrimonial y quien simplemente incumplió una obligación que había asumido de forma regular. Ambas situaciones pueden causar perjuicios similares, pero no son lo mismo.

Lo peor es que, en ocasiones, la denuncia se convierte en una forma de presión; no para perseguir un delito, sino para obligar a la otra parte a pagar, negociar o cumplir un contrato. El proceso penal se transforma en una herramienta de cobro y eso termina perjudicando a todos: tanto a quien denuncia, porque genera expectativas que muchas veces no podrán cumplirse, como a las instituciones, porque destinan recursos a conflictos que pertenecen a otro fuero; y, a las verdaderas víctimas de delitos, cuyos casos compiten por atención en un sistema ya sobrecargado.

Distinto por ejemplo, cuando se falsean documentos para aprovecharse económicamente de una persona, se forjan balances o se engaña, por ejemplo generando facturas inexistentes que son negociadas en el mercado de valores, eso es distinto.

Entonces, antes de afirmar que hemos sido víctimas de una estafa, conviene preguntarse: ¿nos engañaron desde el principio o solo incumplieron? Porque entre una respuesta y la otra existe una diferencia abismal.

tracking