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Rosa Torres: La extorsión no es una vacuna

Avatar del Rosa Torres Gorostiza

Llamemos a las cosas por su nombre: no se puede seguir llamando vacunadores a los extorsionadores ni a los secuestradores.

Tan popularizada está la palabra vacuna en el argot ecuatoriano para referirse a la extorsión, que bien podría decirse que en poco tiempo se ha convertido en su antónimo porque no tiene ni un significado parecido ni ningún efecto beneficioso para la salud preventiva. Es todo lo contrario.

A lo largo de la historia, han sido las vacunas las que han salvado de la muerte a miles de personas en el mundo, desde que en 1976 el científico británico Edward Jenner descubrió la inmunización contra la viruela. Después se crearon las que evitan el sarampión, la varicela, la difteria, el tétano, la rabia, la fiebre amarilla, las gripes... hasta que llegó el covid-19 a enfermar a la humanidad y obligó al mundo científico a crear diez vacunas en menos de un año. Muchas más aún están en desarrollo y fase de prueba.

Según la Real Academia de la Lengua, la vacuna es un virus o principio orgánico que convenientemente preparado se inocula a una persona o a un animal para preservarlos de una enfermedad determinada. Si nos valemos de este significado, no podemos seguir llamando vacuna extorsiva al pago que exigen los delincuentes para no robar, no asaltar y no matar. Llamemos a las cosas por su nombre, porque las extorsiones no salvan la vida de nadie ni crean bienestar ni riqueza.

Las autoridades civiles, policiales y militares, incluso los periodistas, debemos comenzar a llamar solamente extorsionadores, delincuentes, secuestradores o asesinos a quienes cometen esos actos execrables contra los ciudadanos. Los antisociales no pueden recibir benévolamente el nombre de vacunadores, cuando este debe ser reservado exclusivamente para quienes inyectan los virus atenuados a quienes los necesitan, sean niños o adultos, para protegerlos de las enfermedades.

Imagínense la confusión que tendrán hoy los niños por lo que observan o leen en los medios de comunicación o lo que escuchan decir a sus familiares, vecinos y maestros sobre los vacunadores. Ellos pensarán que ahora hay dos tipos de personas: los buenos, los que le aplican una inyección para protegerlos; y lo malos, los que roban, matan y secuestran. ¡Cuidemos los que decimos!