"Pague para desbloquear": El negocio que está transformando la propiedad tecnológica
Cada vez más empresas transforman productos tradicionales en servicios por suscripción, obligando a los usuarios a seguir pagando para acceder a funciones

Impresoras, vehículos y aplicaciones incorporan funciones que permanecen limitadas hasta que el usuario paga una cuota periódica para activarlas.
Comprar una impresora, un carro o descargar una aplicación ya no significa necesariamente tener acceso completo a todo lo que ese producto puede hacer. Cada vez más empresas están adoptando modelos de negocio basados en suscripciones, donde el usuario no solo paga por adquirir un producto, sino también por mantener activas determinadas funciones.
Lo que comenzó hace años con programas como Photoshop o Microsoft 365 ahora se extiende a sectores mucho más cotidianos.
Impresoras que dependen de una suscripción
Uno de los ejemplos más visibles está en las impresoras domésticas. HP, Canon, Epson y Brother han desarrollado servicios que convierten la impresión en una relación permanente con el fabricante.
HP impulsa programas como Instant Ink, donde el usuario paga una cuota según la cantidad de páginas que imprime y recibe cartuchos automáticamente cuando la impresora detecta niveles bajos de tinta. El problema es que, si la suscripción termina, los cartuchos asociados al servicio pueden dejar de funcionar aunque todavía contengan tinta. La compañía también ofrece HP All-In, un sistema en el que el usuario alquila la impresora mediante una mensualidad que incluye equipo, tinta y soporte técnico.
Canon opera bajo una lógica similar con PIXMA Print Plan, mientras que Brother y Epson también han desarrollado servicios de reposición automática de consumibles. En el caso de Epson, la empresa mantiene como alternativa su popular línea EcoTank, que permite recargar tinta sin depender de una suscripción.
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Algunas impresoras modernas incorporan servicios de suscripción que incluyen tinta automática y funciones vinculadas a pagos mensuales.
Aunque durante años se pensó que la digitalización acabaría con la impresión, el auge del teletrabajo y la educación híbrida trasladó gran parte de esa actividad desde las oficinas hacia los hogares. Las marcas encontraron entonces una oportunidad para transformar una venta única en ingresos recurrentes.
Los autos también cobran por funciones
La industria automotriz atraviesa un fenómeno parecido. BMW generó una fuerte polémica cuando intentó cobrar una cuota para activar los asientos calefactables en algunos mercados. La reacción fue tan negativa que la propia empresa terminó reconociendo que fue un error. Sin embargo, la marca no abandonó la idea de las suscripciones.
Actualmente BMW mantiene pagos recurrentes para determinadas funciones digitales como asistentes avanzados de conducción, información de tráfico en tiempo real, estacionamiento autónomo o suspensión adaptativa. La empresa argumenta que estos servicios requieren infraestructura tecnológica, almacenamiento y actualizaciones permanentes.
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Tesla ha llevado esta filosofía incluso más lejos. Sus vehículos reciben actualizaciones remotas que pueden mejorar el estacionamiento automático, optimizar el rendimiento de la batería o añadir nuevas funciones sin visitar un taller.
Pero también ha convertido algunas de sus capacidades más avanzadas en servicios de pago. Este año eliminó en Europa la opción de comprar de forma definitiva su sistema de conducción autónoma supervisada y lo reemplazó por una suscripción mensual de 99 euros. El vehículo sigue siendo propiedad del usuario; ciertas funciones, no necesariamente.
¿Qué opinan usuarios y especialistas?
En un debate abierto en LinkedIn iniciado por el consultor Tomás Andor, expertos en estrategia y automoción analizaron los alcances de este modelo. Andor sostiene que los vehículos definidos por software llegaron para quedarse y que las funciones por suscripción terminarán consolidándose.
Según explicó, los consumidores suelen rechazar los pagos asociados a funciones físicas o de confort, pero muestran una mayor disposición a pagar por herramientas relacionadas con seguridad, conectividad o asistencia a la conducción.
No todos coinciden. Wolfgang Philipp, estratega especializado en marcas automotrices, cuestionó en esa misma conversación que muchas de estas iniciativas no buscan mejorar la experiencia del usuario, sino generar nuevas fuentes de ingresos. Patrick Raab, exconsultor de BCG, recordó que la industria lleva casi una década explorando este modelo, aunque advirtió que factores como la percepción de valor y el rechazo a los pagos recurrentes siguen siendo obstáculos importantes.
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Las redes sociales también se suman
La lógica de las suscripciones no se limita al hardware. También avanza en las plataformas que millones de personas usan cada día. Meta anunció recientemente WhatsApp Plus, Instagram Plus y Facebook Plus, versiones de pago que ofrecen funciones adicionales como personalización avanzada, herramientas exclusivas para historias y mayor visibilidad de contenidos.
Lo que durante años parecía exclusivo de servicios como Netflix ahora se extiende a prácticamente toda la tecnología de consumo. Una impresora puede dejar de funcionar si se cancela una suscripción, un automóvil puede reservar funciones detrás de una cuota mensual y una red social puede cobrar por herramientas que antes parecían parte de la experiencia básica.
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La propiedad está cambiando
La propiedad ya no garantiza acceso total. Bienvenidos a la era en la que adquirir un dispositivo, un vehículo o incluso una aplicación es apenas el primer pago.