Comunicación. Ron Hopper, agente especial del FBI, se dirige a medios de prensa, ayer en Orlando, Florida.

Yihadistas espiados, cada vez mas cautos

Tras los atentados de Estados Unidos y Francia, a la pregunta de cómo es posible que individuos conocidos, sospechosos y vigilados.

Tras los atentados de Estados Unidos y Francia, a la pregunta de cómo es posible que individuos conocidos, sospechosos y vigilados por las fuerzas de seguridad puedan cometer actos terroristas, los especialistas responden que son demasiado numerosos y muy precavidos.

Tanto Omar Seddique Mateen, el autor de la matanza de Orlando, como Larossi Abballa, el asesino de un policía y su mujer en las afueras de París, no pudieron sortear los múltiples sistemas de vigilancia y de detección. Fueron interrogados e incluso condenados en el caso de Abballa por participar en una red yihadista.

Pero al situarse en los puestos más bajos de las listas de sospechosos, establecidas por los servicios especializados según su peligrosidad, consiguieron matar uno a dos funcionarios de policía y el otro a 49 personas en una discoteca antes de ser abatidos por la policía.

Para Yves Trotignon, exanalista del servicio antiterrorista de los servicios secretos franceses, la estrategia de los medios yihadistas de disimular sus intenciones, sus redes y sus comunicaciones no es nueva.

“Los investigadores ingleses ya descubrieron en las pesquisas sobre los atentados de Londres en 2005 que los terroristas se comunicaban con Pakistán utilizando métodos de los servicios de inteligencia”, explicó. “Por ejemplo, con ‘buzones muertos’ (memorias USB escondidas por todo el mundo) o con borradores de correos electrónicos que no eran enviados y por lo tanto se hacía imposible interceptarlos”, precisó.

“Desde hace algunos años, está además la difusión de los conocimientos en revistas yihadistas como Dabiq o Inspire”, añadió. “Y cuando se trata de gente aislada o poco conectada, hay poca cosa para detectar”, concluyó el analista.

“Los terroristas se adaptan. Entendieron que el teléfono e Internet son prácticos pero peligrosos. Miren (al asesino de Bruselas, Mehdi) Nemmouche: no tenía ni celular ni cuenta en Facebook””, dijo Philippe Chadrys, subdirector de la lucha antiterrorista en la Dirección de la policía judicial francesa.

El caso de los hermanos Kouachi, autores de la matanza en el semanario satírico francés Charlie Hebdo en París en enero de 2015, fue estudiado por todos los especialistas. Los habían vigilado largo tiempo sin que les hubieran llamado la atención, hasta la trágica mañana en que pasaron al acto. Para pasar desapercibidos, les bastó utilizar los celulares de sus compañeras o evitar hablar de su complot con cualquiera.

“Nos solemos encontrar con horas de escuchas telefónicas donde no hay nada” interesante, afirmó Yves Trotignon, añadiendo que “se tiene entonces que establecer una vigilancia física o abandonar (el caso) para pasar a otros sospechosos”.

La experiencia demuestra que para seguir a un sospechoso las 24 horas del día, se necesitan unos 20 investigadores. “Tienen que alternarse regularmente porque incluso un imbécil poco formado sabe que esa cara ya la ha visto en alguna parte”, advirtió el exagente.

Con más de 10.000 personas en Francia incluidas en el fichero S (por ‘seguridad del Estado’), varias miles de ellas consideradas como potencialmente peligrosas, el cálculo se hace rápido. “Ningún país tendrá este tipo de efectivos policiales y de inteligencia” por simples razones de presupuesto, añadió.