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Diario Expreso Ecuador

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El Valenzuela y la tuberculosis

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Guayaquil tiene una larga historia creando entidades cuando el Estado no responde a las demandas y necesidades sociales. La ciudad siempre ha salido al frente de aquello que los gobiernos desatienden. Así, el accionar de la urbe ha dado lugar a la fundación, gestión y puesta en marcha de importantes instituciones y organismos para atender la salud y la educación de la ciudadanía. Los ejemplos: la Junta de Beneficencia de Guayaquil, la Cruz Roja, los asilos de ancianos, el hospital psiquiátrico, el cementerio, la Comisión de Tránsito del Guayas, etc.

Bajo ese espíritu emprendedor, los guayaquileños nunca se han cruzado de brazos hasta que el Estado “algún día” los atienda. Por eso en 1940 creó la Liga Ecuatoriana Antituberculosa (LEA), y más tarde, en 1946, el Hospital Neumológico Alfredo J. Valenzuela, para enfrentar esta grave y peligrosa enfermedad. Desde entonces, este centro de salud trabajó para atender los efectos que la tuberculosis genera. Especialmente en los más pobres.

El hospital se constituyó en un organismo de prestigio, que atendió no solo a los enfermos aquejados por este mal de la ciudad, de la provincia del Guayas, y del litoral sino de todo el país. Por eso en 2016 fue acreditado por la ACI (Accreditation Canada International) con el nivel Oro. Lo logró por haber obtenido el 98,4 % de cumplimiento de “los estándares internacionales de excelencia en la calidad de atención y servicio”.

Hoy, Día Mundial de la Tuberculosis, es el mejor momento para que el Gobierno y el Ministerio de Salud respondan cuándo van a atender, reabrir y restituir este prestigioso y autorizado hospital que fue cerrado por “razones sanitarias” (mal manejo de desechos) en diciembre del 2017. Su reapertura no puede demorar. Los tiempos deben ser claros y definidos. El Estado tiene que esmerarse para resolver este tema, considerando que Ecuador está entre los países de más alta carga de tuberculosis en América (5.887 casos).

El hospital Valenzuela siempre ha brindado atención a múltiples sectores del país. Por eso todos demandan que se reabra con prontitud. No se debe esperar más. Solo una burocracia indolente puede creer que un padecimiento tan peligroso como la tuberculosis puede atenderse en cualquier hospital público, donde la lentitud retarda más la curación de los graves efectos que la enfermedad genera en los pacientes que la padecen.

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