Actualidad
Taimados procesos disciplinarios (1)
Seguramente no encontraremos en el mundo un profesor que diga que no requiere de un ámbito disciplinario para trabajar en clase, así como a ningún directivo de escuela que no requiera de un marco en el cual se coordine la buena convivencia, el respeto, el buen trato entre pares y la atención dinámica que el alumno practique junto al profesor en el aula. La disciplina es básica para hacer educación y cómo conseguirla, depende ya de las filosofías, las formas y modelos que cada institución, casa adentro, genere.
Dicho esto, creemos que es importante reflexionar en cómo la estamos aplicando en el Ecuador y cómo las nuevas normativas han debilitado los conceptos de autoridad profesoral, de autoridad del directivo, convirtiendo en tierra de nadie el aula y el patio, espacios en los cuales el párvulo, el niño y el adolescente, hacen y deshacen prevalidos en sus derechos y del apoyo incondicional de sus padres.
Lograr un ambiente disciplinario es simplemente construir una clase en la que el conocimiento fluya y los estudiantes participen de manera armónica, aportando al quehacer del día para alcanzar, no solo los objetivos propios del conocimiento sino el trabajo con este y la valoración de lo realizado en cuanto aporta para la vida. El respeto, el buen trato y el autocontrol, son vitales en este proceso para seguir las reglas del trabajo colaborativo.
El concepto de autoridad, los valores de la tolerancia y la búsqueda del ambiente de paz, deben estar presentes; sin embargo, al momento en que se aplican las nuevas normativas, cuando se judicializa el proceso correctivo, y por qué no decirlo, al momento que el castigo o la sanción se interpretan como humillación o demérito y no como un correctivo relacionado con el principio causa-efecto, complicamos las cosas.
El ser humano no es perfecto y aprende por la vía del acierto y el error; por ello, debe tener claro cuándo falla, cuándo no llega a los niveles deseados y necesarios, para que se esfuerce un poco más o modifique su forma de actuar. Padres y educadores están para ello, son los llamados a formarlos, a corregirlos.