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Nos siguen viendo la cara
La Constitución establece entre las atribuciones de la Asamblea Nacional “autorizar... el enjuiciamiento penal del presidente y vicepresidente de la República...”. Solicitar la autorización para el enjuiciamiento penal del expresidente Correa es exactamente lo mismo que solicitar autorización para enjuiciar penalmente a Rodrigo Borja o Lucio Gutiérrez: no se necesita. Solo se requiere la autorización de la Asamblea para enjuiciar penalmente al presidente en ejercicio y no a los ex. ¿Por qué entonces la Corte Suprema -mal llamada nacional- solicitó la autorización de la Asamblea para enjuiciar a Correa? No tiene sentido. Y el argumento de que se procuraba evitar así la perorata de que el juicio es nulo por falta de autorización, es ridículo. ¿Por qué? Pues por que hay una norma expresa en la Constitución que dispone: art. 226.- ...quienes “actúen en virtud de una potestad estatal ejercerán solamente las competencias... que les sean atribuidas en la Constitución y la ley...”. Solo hay dos conclusiones: 1. Las autoridades solo pueden hacer lo que está permitido; y... (aquí viene lo importante, que es la prohibición implícita): 2. No pueden hacer lo que la Constitución o la ley no les permite. ¿Por qué entonces la Corte le pide a la Asamblea “autorizar” lo que no puede? Feo. Feísimo. Usaron la Asamblea y la Corte para dejar el juicio en el limbo, tal cual sucedió en el primer intento para tratar el tema en la Legislatura. Esto es, que -solicitada la autorización por parte de la Corte- la Asamblea no cambiase el orden del día y así no se pudiera enjuiciar penalmente a Correa. Traducido al castellano: nos siguen viendo la careco. ¿Quién es el que tiene el poder de hacer estas cosas? ¿Quién es el que protege a Correa? Obviamente, no es el presidente. He ahí otra tarea para don Julio César: establecer por qué los órganos del poder que existen para tutelar los derechos ciudadanos, se ponen de acuerdo para impedir que se enjuicie a su más grande destructor. Y sentarlos en el banquillo de los acusados para enviar a dormir el sueño eterno a estos agenciosos “autorizadores”.