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Riesgo de contagio
El embrollo político que vive el país representa un peligro para la economía en circunstancias en que el fisco busca la aprobación de un presupuesto inviable. Afirmamos esto último por cuanto el hecho que, para el ejercicio presente, con un presupuesto nominal de $36.000 millones, solo haya recursos para ejecutar el 75 % del mismo, revela el estado de iliquidez en el que se desenvuelven las finanzas públicas. Para el próximo año se propone una vez más un presupuesto inejecutable, cuyos ingresos permanentes (originados en los impuestos, las multas y las tasas) solo sirven para cubrir los gastos burocráticos y el consumo de bienes y servicios.
En el modelo fiscal vigente, y con un régimen de economía dolarizada, la falta de recursos del Gobierno se transmite hacia el resto de la economía, la cual se encuentra seriamente afectada por la ausencia de estímulos y la carga adicional de impuestos que acentúan el efecto recesivo. El proyecto de ley urgente del Ejecutivo, insatisfactorio en su origen, ha sido sometido a revisiones por parte de la Asamblea dominada por AP que, al ahondar más aún las trabas al desenvolvimiento económico, desalientan la inversión privada, al tiempo que la inversión pública cae en picada libre.
Son elementos que pueden configurar una tormenta perfecta. La historia nos muestra que, en los noventa, los desequilibrios fiscales producidos por la caída de los precios del petróleo y los gastos del conflicto del Cenepa fueron los detonantes de la mayor crisis jamás experimentada por la economía ecuatoriana. En aquel entonces, como ahora, las cuentas externas se vieron afectadas, pero, contrariando la situación actual, el sistema financiero continuó su expansión como producto, entre otros motivos, de una represión financiera tan aguda que derivó en tasas de interés impensables, las mismas que resultaron ser la causa próxima del colapso.
Es el riesgo que se origina en desequilibrios como los que hoy aquejan a la economía, y que son azuzados por el propio ente político.
El desmantelamiento de la herencia correísta es una tarea urgente y ello requiere, además de la profilaxis política, la restauración de la salud económica para evitar el contagio y así poder salir del atolladero.