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Para practicar la sencillez
Una personalidad sencilla pasa desapercibida por su fortaleza interior y su encanto, que es más profundo y perdurable. Una personalidad sencilla es única sin adornos ni artificios, la sencillez nos enseña a saber quiénes somos, sin ostentaciones ni tapicerías humanas.
Existen personas “sofisticadas” que son petulantes, acuden a restaurantes en compañía de amigos y no solicitan la carta, esperan que el amigo lo haga, para luego picarle el menú con el cuento de que viene comiendo. Solo piden una botella de agua y así pasan la tertulia. Sin embargo se jactan de tener bienes inmuebles y vociferan de dinero.
Javier Valarezo Serrano